Post-humanismo y diseño

No todos podemos sostener, con un alto grado de seguridad, que hemos sido siempre humanos. – Rosi Braidotti “Lo Posthumano”

El concepto de humano, nacido en la Ilustración, nos da cierta tranquilidad. Ser humano es lo natural en nosotros, es nuestra característica fundamental como especie, nuestra identidad.

Sin embargo, en el contexto de las sociedades globalizadas y tecnológicamente dirigidas, esta identidad y sus relaciones con los demás se vuelve más compleja. Robots, prótesis, neurociencias, biogenética nos llevan a un mundo de tecnotranscendencia y ciberdrama.

Lo posthumano es, más allá de la cultura mainstream transhumanista de Silicon Valley, una crítica al androcentrismo humanista como primera medida de todas las cosas y una reflexión cultural cargada de entusiasmo sobre la relación entre naturaleza (el dato) y cultura (lo construido).

Los desarrollos científicos y tecnológicos borran esa línea categórica y se convierten en instrumentos políticos y productivos donde reconsiderar los principios fundamentales de nuestra interacción con otros agentes humanos y no humanos.

Desde situaciones perversas como la tecnología que nos permite maltratar a los animales, torturarlos o manipularlos para que nos resulten productivos, pasando por la brutalidad de las guerras a través de las tecnologías de la muerte, los valores humanistas se ponen en cuestión y lo posthumano busca reconsiderar en quién y qué nos estamos convirtiendo.

Entrevista en el CCCB a Rosi Braidotti

El posthumanismo no es ciencia ficción

Blade Runner, Black Mirror o la más reciente Years and Years son sólo unas cuántas producciones cinematográficas que dibujan distopías mostrando el lado más negativo y perverso de la tecnología y la sociedad que la acompaña.

Sin embargo, no podemos perder la oportunidad de dejar pasar otra revolución tecnológica sin mirar en las posibilidades que el devenir posthumano puede ofrecernos como ciudadanía y distanciarnos así de la corriente tóxica de pensamiento que justifica sistemáticamente que todo debe ser rentable a corto plazo para tener valor.

Feminismo, ecologismo, anti-colonialismo se entre cruzan en el planteamiento posthumanista como pruebas de un activismo por la reconquista de una identidad futura más inclusiva, sin caer en la falsa imposición de que la tecnología y la ciencia son “neutras” y, por tanto, masculinas y esto nos avoca a una catástrofe inexorable en la que no podemos intervenir.

¿Qué podemos hacer como diseñadoras y desarrolladoras de tecnología?

Para mí esta es la gran pregunta que llevo formulándome desde hace meses, desde la primera vez que oí hablar de este postulado filosófico que parece más un asunto urgente del presente, que una especulación futurista a la que no debemos atender.

Haakon Faste, en su disertación sobre los Factores Posthumanos, plantea una de las primeras consideraciones que forman parte del Diseño Centrado en el Posthumano: la relación interactiva entre personas y máquinas y su direccionalidad provoca que tengamos que eliminar la necesidad de “uso” y “control”.

El término “usuario” es un mito, los humanos no “usamos” la tecnología para “mejorar nuestra eficiencia”, por lo tanto no buscamos diseñar sistemas “usables” desde una perspectiva ávida centrada en la persona, como asegura el autor. Humanos y computadores se usan entre sí. La manida frase “el producto eres tú” no es más que una forma popular de describir la existencialidad de los productos tecnológicos en base a nuestra actividad y nuestra atención. Instagram, Mac, Tesla, etc. existen porque nos usan.

¿Debemos por tanto considerar la “inutilidad” como parte fundamental del diseño de productos posthumanos? La teoría que Faste propone se dirige a describir un marco metodológico en esa dirección con una fuerte influencia artística que resulta de lo más interesante.

Seminario sobre Diseño Centrado en el Posthumano

Reflexión final

No he leído lo suficiente, ni he estudiado filosofía, antropología o cualquier otro área de conocimiento humanista para saber dar una respuesta a este devenir. Ni si quiera creo saber de lo que hablo, tan solo resumo y troceo ideas capturadas que me hacen reflexionar de forma continua sobre el futuro con cierta ansiedad.

Una de las peores sensaciones en mi convicción activista, que no optimista, es la de conformarme con que todas las injusticias del presente son causadas por un problema en la educación de nuestra sociedad contemporánea. Si así fuera, podríamos abandonar toda posibilidad de cambio presente y centrarnos en la esperanza de que las futuras generaciones resolverán nuestros conflictos. Lo poco que alcanzo a entender sobre posthumanismo me devuelve a un necesario y constante estado de crítica al desarrollo de la tecnología de la cual nosotros sí somos responsables.

Desde el diseño de experiencias a cualquier otra disciplina que tome decisiones sobre cómo serán/son las máquinas y qué seremos/somos las personas con ellas, debemos seguir cuestionando la metodologías que nos llevan a razonar sobre un “sentido común” donde la racionalidad y la lógica se antepongan a la genialidad creativa y colectiva.

Tengo claro que no habrá más diseño “centrado” en sistemas o humanos, que el diseño especulativo no es diseño de futuros, que no hay productos mínimos que sean viables, pero tengo el problema de que no sé ni por dónde empezar para convenceros.