Aprender a enseñar… con propósito

Recientemente he terminado el taller Aprender a Enseñar de La Nave Nodriza facilitado por Marina Lorenzo y Ana Carrascosa de Materia Prima. Mi motivación principal para hacer este curso era el de conseguir, a través de la formación, transformar la manera en la que comparto conocimiento y adecuarla a la audiencia para que tenga valor. Sin embargo, me he encontrado con mucho más.

La buena formación se diseña para la audiencia

El principio es sencillo: el objetivo es que el alumnado aprenda algo que le transcienda. Tan ‘sencillo’ como cualquier otro principio del diseño centrado en el usuario: poner a las personas en el centro del proceso, diseñar productos que las personas deseen usar, encuentren útiles, usables, vivenciales.

Una buena sesión de formación, al igual que un buen producto digital, debe ser diseñada pensando en las personas a las que va dirigida. Partiendo de sus necesidades, sus expectativas, su conocimiento previo y su contexto (y en este contexto intervienen muchos factores).

Pero hay otra cosa mucho más interesante: el grupo. El aprendizaje que se produce en adultos (andragogía) no depende de las facilitadoras únicamente ni se transmite en una única dirección. El trabajo colectivo, la observación, la interactividad con otras personas es fundamental.

El poder del lenguaje, el marco teórico y metodológico, el entendimiento de las fases del aprendizaje grupal y la definición correcta de objetivos realistas, alcanzables y ¡medibles! son parte de este proceso de diseño.

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¿Cómo desarrollarías para hacer aplicaciones que a la gente le encante usar?

Conocer las prácticas fundamentales del Diseño Centrado en el Usuario (DCU), como desarrollador, diseñador, o manager, es el primer paso para conseguir invertir los esfuerzos del desarrollo en crear aplicaciones que de verdad supongan un valor para las personas que van a usarla.

Esas personas, los usuarios, transformarán nuestra visión convirtiéndose en aliados para reducir incertidumbre y como fuente de inspiración, más allá de la experiencia y la personalidad con la que nosotros afrontemos las decisiones.

El DCU no es una metodología exclusiva de los diseñadores, sino que supone una estrategia común para conseguir resultados que realmente responden a necesidades de usuario. Con ella, podremos acercarnos siempre a soluciones más usables que mantendrán una buena experiencia a lo largo del tiempo de vida del producto o servicio.

El libro User-Centred Design el autor Travis Lowdermilk ofrece una interesante guía para desarrolladores, desarrolladores como él, para la construcción de aplicaciones user-friendly.

Llama la atención tanto el enfoque como los ejemplos que expone, que hacen muy fácil entender conceptos básicos usando situaciones a las que muchos nos hemos enfrentado. Y lo hace fácil porque realmente no es complicado, otra cosa es que como el autor dice

Creativity requires us to be courageous and vulnerable. Although trying new things may be risky and embarrassing, it’s the key to discovering new insights.

No podemos negar que las expectativas de los usuarios son cada vez más altas, que tienen más referencias que nunca sobre el valor del diseño y que la industria clásica de desarrollo de software no puede continuar anclada en procesos y metodologías que ignoren las necesidades y requerimientos de los usuarios.

Existen otras referencias interesantes que podrían serte útiles tras echar un vistazo a este libro: