Intentar ser mejores

Estamos más obsesionados con aparentar ser buenos que a veces nos olvidamos simplemente de intentar ser mejores. Pensándolo tiene cierto sentido, nuestra identidad moral y nuestra reputación son un valor que queremos preservar porque lo que piensan los demás de nosotros nos importa.

El problema surge cuando preferimos proyectar una imagen artifical sobre lo buenos que somos o nos creemos ser (de acuerdo a unos estándares) hasta tal punto que nos impide accionar los mecanismos para crecer: el ensayo y el error.

Me gustaría rescatar una historia que siempre me ha inspirado para explicar mejor esta idea.

Dick Fosbury
Dick Fosbury 1968 – Saltador de altura

Hace más de 60 años el atleta estadounidense Dick Fosbury revolució la técnica de salto de altura haciendo algo que nunca antes nadie había hecho: pasar por encima del listón de espaldas.

Hasta entonces, todos los saltadores buscaban batir sus marcas mediante la técnica rodillo ventral o a tijera, sin embargo, esta idea original le hizo ganar a Fosbury unos juegos olímpicos estableciendo un nuevo récord mundial en los 2m 24cm.

Fosbury, quien no se sentía cómodo afrontando el listón de frente y no terminaba de adaptarse a las técnicas clásicas, no sólo decidió romper con sus referentes, sino que tuvo que pasar meses y meses poniendo en práctica su nueva técnica y mejorándola totalmente en solitario soportando las mofas de sus compañeros de entrenamiento.

La mecánica era la misma, elevar la cadera lo máximo posible, pero el estilo era pura innovación.

El 1968 Fosbury demostró al mundo en una competición de máximo nivel que intentar ser bueno siguiendo los estándares no era suficiente para crecer y llegar a ser el mejor.

Hoy en día su estilo de salto es un referente y muchos atletas han batido impresionantes récords gracias a él (2m 45 cm masculino y 2m 09cm femenino).

Dick Fosbury siendo consciente de que su físico no era el más talentoso y de los frustrante que resultaba no alcanzar unos estándares de perfección cuestionables nos enseñó que para desarrollarse como buen deportista necesitaría tiempo y espacio para probar y equivocarse, para entrenar y perfeccionarse, para reconocer el fallo y aprender de él.

La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura… En tiempos de crisis la creatividad, supera el conocimiento.

Albert Einstein

En el terreno profesional nos encanta escuchar y suscribir los consejos de los nuevos coaches emocionales que nos alientan a adoptar un ‘afán de superación’ constante mediante la filosofía ‘maker’. No me parece mal seguir este heurístico para obtener conocimiento, sin embargo, sí creo que debemos darnos espacio y tiempo para ser conscientes de lo que hacemos y por qué lo hacemos. Hacer no es suficiente, en mi opinión debemos:

  1. Conocer nuestras capacidades y nuestro punto de inicio.
  2. Entender los principios básicos de la técnica actual.
  3. Crear alternativas disruptivas.
  4. Probar y fallar y volver a intentarlo.
  5. Probar y acertar y seguir practicando.