Post-humanismo y diseño

No todos podemos sostener, con un alto grado de seguridad, que hemos sido siempre humanos. – Rosi Braidotti “Lo Posthumano”

El concepto de humano, nacido en la Ilustración, nos da cierta tranquilidad. Ser humano es lo natural en nosotros, es nuestra característica fundamental como especie, nuestra identidad.

Sin embargo, en el contexto de las sociedades globalizadas y tecnológicamente dirigidas, esta identidad y sus relaciones con los demás se vuelve más compleja. Robots, prótesis, neurociencias, biogenética nos llevan a un mundo de tecnotranscendencia y ciberdrama.

Lo posthumano es, más allá de la cultura mainstream transhumanista de Silicon Valley, una crítica al androcentrismo humanista como primera medida de todas las cosas y una reflexión cultural cargada de entusiasmo sobre la relación entre naturaleza (el dato) y cultura (lo construido).

Los desarrollos científicos y tecnológicos borran esa línea categórica y se convierten en instrumentos políticos y productivos donde reconsiderar los principios fundamentales de nuestra interacción con otros agentes humanos y no humanos.

Desde situaciones perversas como la tecnología que nos permite maltratar a los animales, torturarlos o manipularlos para que nos resulten productivos, pasando por la brutalidad de las guerras a través de las tecnologías de la muerte, los valores humanistas se ponen en cuestión y lo posthumano busca reconsiderar en quién y qué nos estamos convirtiendo.

Entrevista en el CCCB a Rosi Braidotti

El posthumanismo no es ciencia ficción

Blade Runner, Black Mirror o la más reciente Years and Years son sólo unas cuántas producciones cinematográficas que dibujan distopías mostrando el lado más negativo y perverso de la tecnología y la sociedad que la acompaña.

Sin embargo, no podemos perder la oportunidad de dejar pasar otra revolución tecnológica sin mirar en las posibilidades que el devenir posthumano puede ofrecernos como ciudadanía y distanciarnos así de la corriente tóxica de pensamiento que justifica sistemáticamente que todo debe ser rentable a corto plazo para tener valor.

Feminismo, ecologismo, anti-colonialismo se entre cruzan en el planteamiento posthumanista como pruebas de un activismo por la reconquista de una identidad futura más inclusiva, sin caer en la falsa imposición de que la tecnología y la ciencia son “neutras” y, por tanto, masculinas y esto nos avoca a una catástrofe inexorable en la que no podemos intervenir.

¿Qué podemos hacer como diseñadoras y desarrolladoras de tecnología?

Para mí esta es la gran pregunta que llevo formulándome desde hace meses, desde la primera vez que oí hablar de este postulado filosófico que parece más un asunto urgente del presente, que una especulación futurista a la que no debemos atender.

Haakon Faste, en su disertación sobre los Factores Posthumanos, plantea una de las primeras consideraciones que forman parte del Diseño Centrado en el Posthumano: la relación interactiva entre personas y máquinas y su direccionalidad provoca que tengamos que eliminar la necesidad de “uso” y “control”.

El término “usuario” es un mito, los humanos no “usamos” la tecnología para “mejorar nuestra eficiencia”, por lo tanto no buscamos diseñar sistemas “usables” desde una perspectiva ávida centrada en la persona, como asegura el autor. Humanos y computadores se usan entre sí. La manida frase “el producto eres tú” no es más que una forma popular de describir la existencialidad de los productos tecnológicos en base a nuestra actividad y nuestra atención. Instagram, Mac, Tesla, etc. existen porque nos usan.

¿Debemos por tanto considerar la “inutilidad” como parte fundamental del diseño de productos posthumanos? La teoría que Faste propone se dirige a describir un marco metodológico en esa dirección con una fuerte influencia artística que resulta de lo más interesante.

Seminario sobre Diseño Centrado en el Posthumano

Reflexión final

No he leído lo suficiente, ni he estudiado filosofía, antropología o cualquier otro área de conocimiento humanista para saber dar una respuesta a este devenir. Ni si quiera creo saber de lo que hablo, tan solo resumo y troceo ideas capturadas que me hacen reflexionar de forma continua sobre el futuro con cierta ansiedad.

Una de las peores sensaciones en mi convicción activista, que no optimista, es la de conformarme con que todas las injusticias del presente son causadas por un problema en la educación de nuestra sociedad contemporánea. Si así fuera, podríamos abandonar toda posibilidad de cambio presente y centrarnos en la esperanza de que las futuras generaciones resolverán nuestros conflictos. Lo poco que alcanzo a entender sobre posthumanismo me devuelve a un necesario y constante estado de crítica al desarrollo de la tecnología de la cual nosotros sí somos responsables.

Desde el diseño de experiencias a cualquier otra disciplina que tome decisiones sobre cómo serán/son las máquinas y qué seremos/somos las personas con ellas, debemos seguir cuestionando la metodologías que nos llevan a razonar sobre un “sentido común” donde la racionalidad y la lógica se antepongan a la genialidad creativa y colectiva.

Tengo claro que no habrá más diseño “centrado” en sistemas o humanos, que el diseño especulativo no es diseño de futuros, que no hay productos mínimos que sean viables, pero tengo el problema de que no sé ni por dónde empezar para convenceros.

But I’m a (cheer)Leader

But I'm a Cheerleader

Siempre que alguien me habla de liderazgo me viene a la mente esta película. But I’m a Cheerleader (1999) es un film estadounidense que critica en clave de humor la construcción social de los roles de género y la heteronormatividad a través de la historia de una chica que, en principio, no se reconoce como lesbiana (cinta divertida y recomendable).

Salir del armario en el sector tecnológico no está relacionado (sólo) con los roles de género, sino con los roles profesionales cargados igualmente de estereotipos, de orgullo e incluso de fobias. Esa obsesión por la carrera profesional que parece dibujarnos un único camino para alcanzar ‘el éxito’ tiene un componente clave: ser un/a leader (aunque te mueras de hambre). 

Pero ¿cómo se llega a ser directivo de una empresa? ¿quiénes son los jefes? ¿puede un CTO venir del campo del diseño? ¿qué esperan de nosotras/os? Fundadores, emprendedores, iniciadores, incitadores, hombres de bien vestir y de mal tratar, insoportables todos que nos hacen creer que nosotras, que nosotros, no podemos ser lo que nos dé la gana sin andar justificando esta especie de travestismo profesional o transgresión laboral. En cualquier caso, espero que nuestras aspiraciones no se curen nunca de sentido crítico, de empatía o de sensibilidad y que deconstruyamos cualquier identidad que no nos acepte como somos.

Menos charlas Ted y más performance.

Diseño persuasivo, diseño alienante

Habrás escuchado una y mil veces que el diseño de interacción tiene que ser persuasivo, convincente, emocionante, tiene que motivar e influir en nuestra decisiones a la hora de interactuar con un producto o servicio.

It’s about understanding the emotions that influence people’s behavior and decision-making, and then acting on that information to design compelling user interactions

El objetivo del diseño de interacción persuasivo es modificar el comportamiento del usuario a través de las emociones usando teorías de la psicología y la sociología.

Desde luego hay otros principios básicos en diseño de interacción como los conceptuales y los de interfaz, pero en lo que concierne a la relación persona-máquina, persuadir es la clave. Persuadir, repito, para modificar el comportamiento.

La motivación de la persuasión es uno más de los límites que debemos saber identificar para no contribuir a la creación de una cultura de consumidores interactivos alienados. De esos que se convierten en el producto cuando no pagan por él. De esos cuyo tiempo de calidad lo pasan enganchados a la tecnología por puro entretenimiento.

¿Quiero decir que el entretenimiento es malo? En absoluto, lo que quiero decir es que el diseño de experiencias que persiguen la alienación de los usuarios es éticamente reprobable si se quieren seguir ciertos valores. Los que nos propone el libro About Face (una biblia para mí desde hace diez años que sigue teniendo conceptos imprescindibles) me parecen un buen punto de partida:

  • Ethical (considerate, helpful)
    • Do no harm
    • Improve human situations
  • Purposeful (useful, usable)
    • Help users achieve their goals and aspirations
    • Accommodate user contexts and capacities
  • Pragmatic (viable, feasible)
    • Help commissioning organizations achieve their goals
    • Accommodate business and technical requirements
  • Elegant (efficient, artful, affective)
    • Represent the simplest complete solution
    • Possess internal (self-revealing, understandable) coherence
    • Appropriately accommodate and stimulate cognition and emotion

Sin embargo nadie dice que esto sea fácil, más si cabe cuando las experiencias no se pueden diseñar ni construir, si acaso facilitar. Es ahora, después del uso y del tiempo cuando hemos podido identificar las consecuencias de ciertos diseños, por ejemplo, del famoso botón ‘like’. Una lectura de las experiencias de usuario generadas tras ese diseño llevada quizá al extremo la pudimos ver en el capítulo ‘Caída en picado’ de Black Mirror, donde la reputación dependen totalmente de cómo los demás te valoren y ahí está la tecnología para ‘ponerlo fácil’.

En un mundo de máquinas, sólo la cultura nos salvará

Miedo es lo que a muchos produce la idea de que las máquinas, cada vez más inteligentes, nos puedan sustituir de una vez por todas.

Últimamente se habla mucho de cómo la Inteligencia Artificial y el análisis de datos masivos van a marcar una nueva era que impactará por supuesto en nuestros trabajos. Coches que se conducen solos, servicios digitales que conversan, detección de enfermedades temprana, aparatos conectados entre ellos funcionando en la Internet… todo esto suena maravilloso, es innovador hasta que empiezas a preguntarte ¿qué pasará con nuestros puestos de trabajo?

Teniendo en cuenta que hemos transformado la idea de trabajo, ése que dignificaba, por el concepto de empleo, éste con el que se mercadea, no me extraña que el miedo llegue tan fácil a tanta gente. La crisis no ha ayudado, desde 2007 miles de hogares sin ingresos se han quedado sin su única fórmula de supervivencia: ese empleo. Sin embargo hay algunos que lo consiguen, salen adelante y no gracias al empleo sino a otras estructuras sociales como la familia, las asociaciones de vecinos y demás redes humanas solidarias.

¿Qué tienen que ver aquí las máquinas? Mucho. Las máquinas con las que tanto se nos amenazan deberían venir a salvarnos de un trabajo esclavo, pero no, se nos venden como ladrones de empleo. Y con esa fórmula tan fácil de marketing dejarán que los humanos de siempre, esos que saben aprovechar la libertad de los capitales, que viven de ellos y por lo tanto que no conocen lo que es ganarse la vida de tu trabajo, puedan sacar rédito, una vez más. Pero ¡qué diabólicas las máquinas que nos quitan el trabajo! ¡que paguen impuestos! ¡que nos paguen los seguros sociales!

Qué ironía, imagino a un taxista de los de ahora, trabajador y empleador, de los que se resisten a los nuevos modelos del capital y la innovación tecnológica, protestando contra los Uber y los Cabify, con su San Pancracio en la guantera, rezando por una buena carrera desde el aeropuerto a la que sacarle unos céntimos más si no enciende el aire acondicionado de camino a casa de una persona que piensa que le están estafando, que ojalá el viaje en coche fuese más cómodo, barato y eficaz.

Perdón si mezclo ideas, pero todas forman parte del mismo contexto. Perdón si me he desviado, aquí viene mi segunda tesis. La primera por si no ha quedado clara es que no hay que tener miedo. Que somos nosotros los que ya hemos dejado entrar a las máquinas que nos quitarán nuestro trabajo y no, no tienen cables, ni códigos binarios, son de carne y hueso.

Pero en cualquier caso, si las máquinas, ésas de las que habla el vídeo, provocaran en un futuro no muy lejano lo que ya estamos viendo, la automatización de tareas repetitivas e incluso las supuestamente creativas ¿qué nos queda? En mi opinión: el hedonismo cultural; que no es poco. Qué mejor evolución y revolución que la de dedicarnos a la sociedad, a la política, a las humanidades, a la ciencia, al deporte, al conocimiento.

Cuando la producción cultural estalle y todos seamos parte de una gran performance artística. Cuando hayamos aprendido tanto sobre nuestra naturaleza humana que nos permita eliminar la injusticia, la violencia y las desigualdades. ¡Cuánta ingenuidad! ¿cierto? Seguramente, en mi mundo ideal en el que gracias a la liberación del trabajo podamos dedicarle tiempo a la gente, a la vida y al pensamiento, no habrá miedo a que las máquinas tengan un lugar. Y habrá lugar a la ingenuidad, al ingenio, a la genialidad.

Que cada cual decida con qué visión del mundo se queda, pero pensad que quienes nos gobiernan también tienen ideas locas como estas, tanto es así que no tienen miedo a las máquinas, sino a la cultura.

Fdo. medio empleada, medio trabajadora, algo idealista y un poco cyborg.

 

¿Te gusta tu forma de trabajar?

Escuchar a Jason Fried es siempre inspirador. Para mí es esencial volver a sus ideas cada vez que me replanteo cuál es la filosofía de trabajo con la que más me siento identificada. La que nos transmite en sus libros Rework, Getting Real y Remote es una referencia para mí.

Leer cualquiera de sus ensayos es imprescindible si tú también quieres recordar las ideas fundamentales sobre el cómo trabajar de una forma ágil, eficiente, que nos haga sentir orgullosos de lo que hacemos, que nos permita disfrutar de lo que creamos. Jason Fried escribe de forma directa y atrevida, no se para en las justificaciones, lo que dice es lo que piensa y le ha funcionado para poner en marcha su existosa plataforma Basecamp. Aquí os dejo alguna de las ideas de ‘Getting Real’ que más me han llamado la atención:

  • Build Less: Haz menos pero hazlo mejor
  • Hace an enemy: Piensa en quién no te quieres parecer, úsalo como motivación
  • Less mass: Crea un equipo pequeño (empieza con 3), capaz de mucho, que use open source.
  • What’s the Big Idea: la visión del producto en una sola frase
  • Make Opinionated Software: tu producto tiene que tomar parte, el software agnóstico es bullshit.
  • Human Solutions: haz software sobre conceptos generales que permitan a la gente usarlos para sus propias soluciones. No fuerces convencionalismos.
  • Forget Feature Request: los clientes piden cualquier cosa que les parezca, ignóralos.
  • Hold the Mayo: pregúntale a la gente lo que no quieren.
  • From Idea to Implementation: Ideación, bocetos en papel, interfaz en HTML y de ahí al código, y no al revés.
  • Meetings are toxic: no las tengas
  • Get well rounded individuals: gente que aprenda rápido, generalistas mejor que especialistas.
  • Interface first: la interfaz es tu producto, diséñala antes de programar.
  • Three state solution: diseña para una pantalla cuando funciona con contenido correctamente, cuando está en blanco y cuando tiene errores.
  • Copywriting is interface design: si cada pixel importa, las palabras también.
  • Optimize for happiness: usa herramientas que mantengan a tu equipo motivado.
  • Hollywood launch: crea pre-hype, lanza una avance, un preliminar y luego el lanzamiento. Empieza a anunciarte antes del lanzamiento.
  • Feel the pain: haz el soporte al cliente tú mismo.
  • Better, not beta: no esperes a alcanzar la perfección, pero sé responsable.

A mí me gustaría añadir a esta especie de mantra, algún otro consejo no solicitado:

  • Tu tiempo no es oro, es mucho más: No le pongas precio a tu tiempo pero valóralo como algo que está muy por encima. Si tienes un contrato por tiempo y dinero haz que te merezca la pena, no gastes energía en cosas y personas sin valor.
  • Sé flexible, no elástico. Adaptarse a diferentes situaciones es importante, sabiendo qué tienes que ceder y qué dejas a un lado. Ser elástico es peligroso si significa acomodarte forzosamente a lo que los demás esperan de ti.
  • No hay una sola forma de sentir pasión por lo que haces, no esperes reflejarte en los demás para hacerlo, no esperes la aprobación de nadie. Sea lo que sea lo que te motiva úsalo para tu trabajo, para hacer cosas. Ése es el mejor valor añadido.

Si tú ya has leído cualquiera de los libros de Jason Fried estoy segura que te sonaran esas ideas ¿hay alguna otra que te parezca especialmente destacable?

 

 

Insider

Me gusta la ingeniería, me gusta pensar en procesos y metodologías como forma de coordinar el esfuerzo de un equipo de gente con perfiles diferentes para sacar el mejor producto viable. Cerebro y músculo con objetivos comunes. Como me gusta, disfruto del proceso, más cuando la repercusión del beneficio al finalizarlo no está siempre clara.

Creo que pensar en procesos y metodología forma parte de cualquier ingeniero y también de cualquier persona dedicada a la Experiencia de Usuario (incluso en equipos de un sólo miembro).

De la ingeniería también me gustaba programar, sobre todo cuando era una tarea sencilla, cuando no tenía que salir del shell para hacer cosas chulas, o cuando trabajaba con entornos de desarrollo completos. Cuando el lenguaje que usaba no requería de aprender una serie de cosas inútiles porque no estaba bien pensado para el propósito o arquitectura sobre el que se desplegaría.

Me gustan las cosas sencillas, es decir no me gustan las cosas innecesariamente complicadas por complejas que sean.

Ya sea porque soy ingeniera o me he pasado la vida rodeada de frikies amantes de la tecnología, me gusta conocer las novedades en tecnología que hay en el mercado o en investigación. Me gustan los prototipos, las ideas nuevas y el impacto que ésto tiene en la sociedad.

Y me gusta formar parte de esto como creadora, pensadora, desarrolladora y diseñadora. Por eso pienso que forma parte de mi preparación fundamental mantener siempre la visión más amplia posible en la creación de productos tecnológicos.

Sin embargo, durante varias etapas de mi carrera desde que me matriculara en la factultad en 2001, me he ido encontrando con una serie de mensajes contradictorios de quienes creen estar ahí para enseñarte algo, a saber:

  1. Si no eres un amante del cacharreo no eres informático, pero si no sabes nada sobre matemáticas puedes ser lo que quieras.
  2. Aprender tecnologías frontend, desarrollo web o diseño de interfaz es algo accesorio, pero trabajar en un desarrollo y no tener dorma de que lo utilice un humano es secundario.
  3. Los diseñadores tenemos que aprender a programar, pero no podemos dar nuestra opinión sobre tecnología.
  4. En los negocios la seguridad en uno mismo es importante, pero ojo, lo que para unos es muestra de pasión para otros es muestra de cabezonería.
  5. Las habilidades sociales y emocionales son imprescindibles, a no ser que seas muy crack que se te disculpará todo y podrás tener a un equipo entero envenenado.
  6. A tus empleados, estudiantes, compañeros hay que criticarles siempre para que aprendan, eso sí, el refuerzo positivo será siempre virtual en forma de notas o sueldo, si ninguna de estas cosas llegan allá cada uno con sus frustraciones.

Como decía, me gusta mi profesión, aunque a veces te invadan las dudas, las dudas de otros.

Usando el diseño para mejorar la vida de las personas con cáncer

Usando el diseño para mejorar la vida de las personas con cáncer

Qué sabemos de informática

Como ya sabéis desde hoy Google News deja de funcionar y echa el cierre en España como respuesta al Canon AEDE introducido en la nueva Ley de Propiedad Intelectual (LPI) que obligaba a pagar a todos los agregadores por mostrar fragmentos de contenidos pertenecientes a terceros.

Sin entrar en qué ha derivado en otros países ante una situación similar y, a sabiendas de que algo parecido podrá pasar en España cuando los periódicos onlines comincen a perder tráfico y por tanto dinero (más del que ganarían por la ‘tasa Google’), durante todo este debate me ha llamado la atención el siguiente debate en la telesivión pública.

Primero el periodista comentando que la información debe tener un precio en el mercado, que debemos instar una alternativa a Google ‘que funcione’ y luego la mejor declaración de todas, la del ‘replicante’ afirmando que en realidad existe una alternativa y se llama ‘Linux’ el cual, especifica, es un ‘método operativo’.

Ante el comentario del moderador el tertuliano no sólo no se retracta sino que insiste en su idea: ‘Bueno, pero funciona también’, dice.

Como era de esperar las redes sociales ya se han hecho echo del patinazo donde coinciden en la vergonzosa imagen que la televisión pública da al permitir a tertulianos ignorantes hablar de cualquier tema (esta vez el tecnológico) sin pudor.

Estas declaraciones me recordaron aquellas famosas del ex-presidente Zapatero cuando “denunciaba” un supuesto ‘barrido informático’ del gobierno saliente en sus ordenadores. Si ésto era una simple mezcla de términos entre ‘barrido’ y ‘borrado’ imagino que es bastante comprensible para alguien que no sabe bien qué ha pasado (incluso si es el presidente del gobierno). Si es una forma de no ser concretos para no asumir la responsabilidad de declarar que la información ha sido borrada, eliminada o robada por supuesto es algo más grave.

Ya en el año 2014 creo que podemos ir asumiendo que nuestro conocimiento en tecnologías de la información tiene que ser al menos como nuestro dominio de un primer idioma extranjero: sobrepasar la barrera del nivel de usuario hasta el usuario independiente o incluso proficiency, si es que queremos comunicar a más gente sin demasiadas torpezas.

Esas grandes corporaciones

Este post lo escribo desde la experiencia propia y la de mis compañero/as de profesión que conozco, han trabajando en situaciones parecidas. Cualquier diserción, corrección u omisión a propósito o casual estará permitida bajo mi cuenta y riesgo.

Diseñar no es fácil, como pocos trabajos relacionados con el mundo de las nuevas tecnologías lo son. Hacerlo en entornos hostiles, con pocos recursos o con mucho escepticismo hacia el valor que aporta un diseñador lo complica todo. Sin embargo una cosa es cierta, en las grandes empresas, esas que tienen más de 1000 empleados y quizá algún departamento o rol dedicado exclusivamente a hacer que los productos digitales sean percibidos de una manera más agradable por sus usuarios, se aprende muchísimo si vas sin prejuicios y sin venenos.

Hay luchas, pero no son todo batallas, también hay estrategias, pero no todo es política, hay mucho de consenso, negociación, comunicación y empeño, pero no todo es una pérdida de tiempo o una venta de humo.

La probabilidad de encontrarte mucha gente muy senior en una gran empresa es altísima y eso, si sabes aprovecharlo, es tan valioso como un máster de posgrado. Los proyectos tienen con más probabilidad un impacto altísimo y eso te hace sentir parte de algo importante. También es cierto que se es más hormiga, más cola de león, y más invisible para tus pares. El trabajo en equipo diluye las contribuciones individuales y los departamentos tienden a crear barreras para protegerse de los vendabales.

No creo que trabajar para una gran empresa sea mejor o peor opción que para un estudio pequeño o para ti mismo, pero sí pienso que es una experiencia por la que merece la pena pasar. Hoy en día todos nos animan a emprender, a ser freelance, montar startups, en resumidas cuentas trabajar por cuenta propia y a arriesgar tu propio dinero, tiempo y vida para darle autenticidad a tu trabajo. En mi opinión todo eso está muy bien y creo que siempre hay tiempo a cualquier edad, en cualquier contexto, igual de bien que si decides no hacerlo o postponerlo. Yo os animo a ser un insider en una gran corporación alguna vez en vuestra carrera profesional para conocer cómo son estas estructuras por dentro. Quién sabe, quizá algún día compitas con ellas en los mismos mercados.

En mi opinión las grandes empresas no son el peor lugar para desarrollarte profesionalmente, lo que uno odia de éstas es probablemente lo que cualquiera detesta de cualquier lugar de trabajo: sentir que trabajar para otro no te compensa a cambio del tipo de vida que te permite llevar o que no tenga una cultura con la que te encuentres cómodo/a y de la que te sientas parte.

Respecto a la Experiencia de Usuario esto último puede parecer bastante más dado en las compañías con más gente, fuertemente orientadas al desarrollo a medida, industrializado y que imponen mucha presión en las entregas a menudo a costa de la calidad. Si bien nunca es sencillo hacer tiempo para diseñar, testear o analizar requisitos, sí que invierten en comunicación con el cliente y justificación de proyectos. La cultura es todavía algo que puede transformarse, lo que no pueden cambiarse son los dinosaurios empresariales.

Otra cosa difícil de conseguir en una gran empresa es la supervivencia en puestos de baja responsabilidad. En este país por desgracia si quieres que tu experiencia se valore en términos económicos eso sólo significa asumir mayor actividad de gestión o liderazgo. Esto hace que quizá el mejor momento para trabajar así sea en los comienzos de tu carrera en los que existe cierta curva de mejora hasta que te ahoguen las hojas de cálculo. Te ayudará además a enfrentarte a situaciones de complejas y con personas con expectativas muy diferentes de tu trabajo, lo que hará que acabes aprendiendo a adaptar tu discurso y tu comunicación.

Es posible que llegue un punto en el que sientas que has llegado lo más lejos o alto posible, que quien está cerca no puede concederte ya más autoridad porque las empresas sufren de parálisis sistémicas contra las que no se puede competir, que tu trabajo se desgasta por las difícultades inherentes al proceso de desarrollo o que la rutina cierra cualquier posibilidad de diversificar. Si te llega ese momento lo mejor es buscar otro trabajo. Podrás querer empezar de cero o no, con otro proyecto, otra gente, otra empresa (hacerte freelance!) pero una cosa es segura, llevarás muchas más millas a tus espaldas y esas experiencias e inercias son buenas para acelerar de nuevo.

Es imporante que no olvides tus aspiraciones ni dentro ni fuera de una gran empresa y que tengas claro cuál es tu idea de éxito u objetivo a alcanzar ya sea profesional o personal. Una gran empresa no es un boquete ni una lanzadera, pero puede hacerte crecer si aprovechas sus bondades aún con el riesgo de destruirte si te acomodas demasiado rápido.

Qué hacer si estás fuera

La segunda parte de este post la escribo bastantes días después, tras conocer la noticia de que la empresa en la que trabajo ha planteado un ERE que afectará al 25% de sus empleados. Pero no quiero entrar en detalles sobre ese ERE porque me pondría de muy mal humor, sino seguir con el mismo espíritu y tono que me movió a publicar esto.

En mi opinión no hay nada más duro a nivel profesional que alguien decida por ti algo que tú no quieres hacer o para lo que no estás preparado. Con o sin razón o lógica, con o sin justificación, sentirte fuera de forma forzada es algo que, por inesperado, no resulta fácil de encajar en tus planes. Cuando uno empieza a sentirse más empleado que trabajador, más asalariado que profesional, es de nuevo el momento de decidir la actitud que quieres tomar.

De nuevo, acomodarse no creo que sea una solución, esperar a que te empujen en mi opinión sólo es buena idea si psicológicamente ya estás preparado para no sentirte frustrado si ocurriera. Lo que no debe pasar en ningún caso es que cualquiera que sea la circunstancia laboral que se presente (mi empresa no me quiere, mi partner confía más en otro, mi cliente quiere a alguien más barato-rápido-guapo, etc.) se convierta en un motivo para minar el tipo de profesional que eres, porque a fin de cuentas, son circunstancias laborales y es importante separar ambas cosas.

Volviendo al hilo de este artículo, de nuevo, las situaciones o condiciones laborales en las empresas no son las menos malas del mundo. Tienen sus horarios, sus convenios, sus comités de empresa (ejem ejem), sus políticas de recursos humanos, sus cotilleos de oficina, los cafés y la familariedad. De malo tienen las horas extras, los sueldos fijos, la cotidaniedad y los expedientes de regulación de empleo (entre otros).

Como trabajadores debemos hacer un ejercicio para ser honestos en cuanto a la forma y condiciones en la que nos gustaría hacerlo, más que nada para evitar la resignación en la medida en la que podamos elegir.

Los diseñadores concretamente, no siendo los peor valorados en cuanto a sus aportaciones sobre los productos son, sin embargo, los más prescindibles para una gran organización ya que la capacidad de traducir la ganancia en calidad con el impacto sobre los clientes se diluye a lo largo del proceso de desarrollo. Por otra parte, la subcontratación sigue siendo algo más goloso que los departamentos en plantilla. Obviamente creo que es un error para una gran corporación deshacerse de estos perfiles pero lo cierto es que laboralmente somos uno más: todos somos iguales, sin clases, sin departamentos, sin arrogancias, y con mucha humildad.

Y como lo cortés no quita lo valiente, espero que cualquiera que sea vuestra circunstancia consigáis que lo laboral no os quite lo profesional. A fin de cuentas hablamos tan sólo de un lugar más de trabajo.

Finalizo esta pequeña reflexión animando a mis compañeros/as a que reinventen su ideal mundo laboral donde, desde su profesión, ayuden transformar las palabras más crueles que forman parte de todas estas grandes corporaciones: de productividad a eficiencia, de rentable a sostenible y de competitivo a cooperativo.