Esto no se para

La escucho y no lo puedo evitar, me emociona. Sus palabras se dijeron para encender la mecha de uno de los movimientos feministas más relevantes del siglo XXI: HeForShe, iniciado en su papel de embajadora de las Naciones Unidas. Emma Watson es una mujer privilegiada que ha hecho con su poder algo necesario: activismo político. Cualquier mujer que la escuche estoy segura de que empatizará con ella, los hombres feministas probablemente también.

No es la única fuente de inspiración que motiva el artículo de esta semana pero coincide con un aniversario que se acerca: los dos años de nuestro humilde movimiento/comunidad tecnológica Yes We Tech.

Ya lo he contado muchas veces aunque me gustaría recordarlo una vez más. Yes We Tech nació del hartazgo y la disconformidad de una situación que se ha normalizado y es la escasa presencia de la mujer en el sector de la tecnología. Nació en Málaga, de un pequeño grupo de mujeres que nos dedicábamos a esto. Y creció, ha crecido más de lo esperaba y estoy gratamente impresionada. Quiero pensar que lo que más lo diferencia de otras iniciativas parecidas es que decidimos etiquetarnos como feministas y sin embargo no hacemos referencia a niguna palabra como chica o mujer. Por eso, cuando escucho al comienzo del discurso que Emma Watson dio hace tres años decir cómo “la palabra feminismo ha resultado ser tan poco popular que las mujeres han decidido no identificarse como feministas”, con todo el miedo o diferencias que a otras mujeres como yo puedan tener, me reafirmo y me siento parte de esta comunidad.

Ser feminista es necesario. También en el sector tecnológico, precisamente por la componente que en muchas ocasiones se obvia y es que la tecnología es un mundo de privilegiados. Me quiero adelantar ahora a la reacción de algunos recién titulados cuyos contratos o becas precarias le hagan sentir desdicha. Señores, el futuro es prometedor para ustedes, y ese presente de mierda no es ni de lejos comparable a lo que sucede en otras profesiones, es más, es consecuencia de que a muchos les haya dado igual hasta ahora que a las personas se nos maltratate o discrimine por nuestra edad. O como el feminismo reclamaría, por nuestro género.

Dejemos de pensar que no hay nada que hacer y que nada está relacionado. Dejad de pensar que nosotras hemos decidido no estar aquí. Que nadie nos ha negado el acceso. Dejad de creer que cuando hablamos emitimos un mero testimonio aislado. No he conocido a una sola mujer en estos dos años de activismo que no me contara una situación en la que no haya sido humillada, excluida, insultada o todo a la vez. Dejad de creer que es una cuestión de números únicamente. Dejad de pensar que un mundo de hombres es un mundo neutro.

A veces me vuelvo a preguntar por qué en el mundo de la ciencia y la tecnología es tan importante hablar de feminismo. Mi respuesta la encuentro en los productos que consumimos, en las empresas que nos dan trabajo, en el conocimiento que se divulga… si nada de esto sirve para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, no sirve para nada. Si la tecnología está hecha para servir al hombre, el hombre no sirve para nada. Y si alguien se molesta con estas ideas que se joda con el genérico masculino y que se ponga las pilas.

Feliz aniversario Yes We Tech.

Nota I:

Hoy mi sobrina de cinco años se ha sentido excluida por anuncio publicitario que ofrecía un delicioso y azucarado desayuno “para campeones”. Tiene dos opciones: resignarse, normalizarlo y entender que hay cosas que no son para ella; o reclamar y reivindicar que se la trate de la misma forma (incluso en el asqueroso mundo de la publicadad). Nosotras también tenemos dos opciones: quitarle importancia e ignorarlo y dejar que sean otros quienes le sigan diciendo qué puede llegar a ser y qué no; o bien, darle la vuelta al discurso y dejar de contribuir a él.

Nota II:

Dos años más tarde Emma Watson volvió a dar otro discurso, su retrospectiva no tiene desperdicio.

En un mundo de máquinas, sólo la cultura nos salvará

Miedo es lo que a muchos produce la idea de que las máquinas, cada vez más inteligentes, nos puedan sustituir de una vez por todas.

Últimamente se habla mucho de cómo la Inteligencia Artificial y el análisis de datos masivos van a marcar una nueva era que impactará por supuesto en nuestros trabajos. Coches que se conducen solos, servicios digitales que conversan, detección de enfermedades temprana, aparatos conectados entre ellos funcionando en la Internet… todo esto suena maravilloso, es innovador hasta que empiezas a preguntarte ¿qué pasará con nuestros puestos de trabajo?

Teniendo en cuenta que hemos transformado la idea de trabajo, ése que dignificaba, por el concepto de empleo, éste con el que se mercadea, no me extraña que el miedo llegue tan fácil a tanta gente. La crisis no ha ayudado, desde 2007 miles de hogares sin ingresos se han quedado sin su única fórmula de supervivencia: ese empleo. Sin embargo hay algunos que lo consiguen, salen adelante y no gracias al empleo sino a otras estructuras sociales como la familia, las asociaciones de vecinos y demás redes humanas solidarias.

¿Qué tienen que ver aquí las máquinas? Mucho. Las máquinas con las que tanto se nos amenazan deberían venir a salvarnos de un trabajo esclavo, pero no, se nos venden como ladrones de empleo. Y con esa fórmula tan fácil de marketing dejarán que los humanos de siempre, esos que saben aprovechar la libertad de los capitales, que viven de ellos y por lo tanto que no conocen lo que es ganarse la vida de tu trabajo, puedan sacar rédito, una vez más. Pero ¡qué diabólicas las máquinas que nos quitan el trabajo! ¡que paguen impuestos! ¡que nos paguen los seguros sociales!

Qué ironía, imagino a un taxista de los de ahora, trabajador y empleador, de los que se resisten a los nuevos modelos del capital y la innovación tecnológica, protestando contra los Uber y los Cabify, con su San Pancracio en la guantera, rezando por una buena carrera desde el aeropuerto a la que sacarle unos céntimos más si no enciende el aire acondicionado de camino a casa de una persona que piensa que le están estafando, que ojalá el viaje en coche fuese más cómodo, barato y eficaz.

Perdón si mezclo ideas, pero todas forman parte del mismo contexto. Perdón si me he desviado, aquí viene mi segunda tesis. La primera por si no ha quedado clara es que no hay que tener miedo. Que somos nosotros los que ya hemos dejado entrar a las máquinas que nos quitarán nuestro trabajo y no, no tienen cables, ni códigos binarios, son de carne y hueso.

Pero en cualquier caso, si las máquinas, ésas de las que habla el vídeo, provocaran en un futuro no muy lejano lo que ya estamos viendo, la automatización de tareas repetitivas e incluso las supuestamente creativas ¿qué nos queda? En mi opinión: el hedonismo cultural; que no es poco. Qué mejor evolución y revolución que la de dedicarnos a la sociedad, a la política, a las humanidades, a la ciencia, al deporte, al conocimiento.

Cuando la producción cultural estalle y todos seamos parte de una gran performance artística. Cuando hayamos aprendido tanto sobre nuestra naturaleza humana que nos permita eliminar la injusticia, la violencia y las desigualdades. ¡Cuánta ingenuidad! ¿cierto? Seguramente, en mi mundo ideal en el que gracias a la liberación del trabajo podamos dedicarle tiempo a la gente, a la vida y al pensamiento, no habrá miedo a que las máquinas tengan un lugar. Y habrá lugar a la ingenuidad, al ingenio, a la genialidad.

Que cada cual decida con qué visión del mundo se queda, pero pensad que quienes nos gobiernan también tienen ideas locas como estas, tanto es así que no tienen miedo a las máquinas, sino a la cultura.

Fdo. medio empleada, medio trabajadora, algo idealista y un poco cyborg.

 

¿Te gusta tu forma de trabajar?

Escuchar a Jason Fried es siempre inspirador. Para mí es esencial volver a sus ideas cada vez que me replanteo cuál es la filosofía de trabajo con la que más me siento identificada. La que nos transmite en sus libros Rework, Getting Real y Remote es una referencia para mí.

Leer cualquiera de sus ensayos es imprescindible si tú también quieres recordar las ideas fundamentales sobre el cómo trabajar de una forma ágil, eficiente, que nos haga sentir orgullosos de lo que hacemos, que nos permita disfrutar de lo que creamos. Jason Fried escribe de forma directa y atrevida, no se para en las justificaciones, lo que dice es lo que piensa y le ha funcionado para poner en marcha su existosa plataforma Basecamp. Aquí os dejo alguna de las ideas de ‘Getting Real’ que más me han llamado la atención:

  • Build Less: Haz menos pero hazlo mejor
  • Hace an enemy: Piensa en quién no te quieres parecer, úsalo como motivación
  • Less mass: Crea un equipo pequeño (empieza con 3), capaz de mucho, que use open source.
  • What’s the Big Idea: la visión del producto en una sola frase
  • Make Opinionated Software: tu producto tiene que tomar parte, el software agnóstico es bullshit.
  • Human Solutions: haz software sobre conceptos generales que permitan a la gente usarlos para sus propias soluciones. No fuerces convencionalismos.
  • Forget Feature Request: los clientes piden cualquier cosa que les parezca, ignóralos.
  • Hold the Mayo: pregúntale a la gente lo que no quieren.
  • From Idea to Implementation: Ideación, bocetos en papel, interfaz en HTML y de ahí al código, y no al revés.
  • Meetings are toxic: no las tengas
  • Get well rounded individuals: gente que aprenda rápido, generalistas mejor que especialistas.
  • Interface first: la interfaz es tu producto, diséñala antes de programar.
  • Three state solution: diseña para una pantalla cuando funciona con contenido correctamente, cuando está en blanco y cuando tiene errores.
  • Copywriting is interface design: si cada pixel importa, las palabras también.
  • Optimize for happiness: usa herramientas que mantengan a tu equipo motivado.
  • Hollywood launch: crea pre-hype, lanza una avance, un preliminar y luego el lanzamiento. Empieza a anunciarte antes del lanzamiento.
  • Feel the pain: haz el soporte al cliente tú mismo.
  • Better, not beta: no esperes a alcanzar la perfección, pero sé responsable.

A mí me gustaría añadir a esta especie de mantra, algún otro consejo no solicitado:

  • Tu tiempo no es oro, es mucho más: No le pongas precio a tu tiempo pero valóralo como algo que está muy por encima. Si tienes un contrato por tiempo y dinero haz que te merezca la pena, no gastes energía en cosas y personas sin valor.
  • Sé flexible, no elástico. Adaptarse a diferentes situaciones es importante, sabiendo qué tienes que ceder y qué dejas a un lado. Ser elástico es peligroso si significa acomodarte forzosamente a lo que los demás esperan de ti.
  • No hay una sola forma de sentir pasión por lo que haces, no esperes reflejarte en los demás para hacerlo, no esperes la aprobación de nadie. Sea lo que sea lo que te motiva úsalo para tu trabajo, para hacer cosas. Ése es el mejor valor añadido.

Si tú ya has leído cualquiera de los libros de Jason Fried estoy segura que te sonaran esas ideas ¿hay alguna otra que te parezca especialmente destacable?

 

 

Las preguntas correctas

A la Real Academia de Ingeniería,

Como mujer, ingeniera y feminista debo reconocer el enorme valor e importancia que considero tiene su recientemente impulsado proyecto ‘Mujer e Ingeniería’ que promocionan a través de este vídeo.

Para mí es emocionante ver este tipo de proyectos ya que suponen admitir la situación de anormalidad que sufrimos en nuestra profesión.

Y es justo tras verlo con detenimiento donde me encuentro con un sabor agridulce por todo lo que esperaría que se hubiera dicho y, sin embargo, se omite o, peor aún, por cómo se presenta el problema. 

Espero que los siguientes comentarios sean entendidos por su carácter constructivo, pues entiendo lo difícil que es impulsar cualquier actividad feminista y lo inoportuno que ‘una de las nuestras’ muestre una actitud demasiado crítica.

Si bien mis opiniones son solamente mías, no representan a ningún colectivo y las lanzo con toda la esperanza de que sean bien recibidas.

Este proyecto nace para que más chicas estudien ingeniería

Es complicado hablar de números aunque en el síntoma todos coincidimos. A pesar de lo que dice la UNESCO, a mí me interesan algunos datos de los que nunca se habla:

  • ¿Cuántas ingenieras han abandonado su carrera?
  • ¿Cuántas estudiantes han dejado de ir a clase?

Seguramente piensen que haciendo así estas preguntas doy por hecho de que son muchas ¿verdad? Pues de esto va el vídeo-presentación, de hacer las preguntas correctas y evitar las respuestas simples y baratas para que nadie dé nada por sentado.


“¿Es cierto que a las chicas no les gustan las matemáticas ni la ingeniería?”

Me gustaría pensar que las chicas (o más bien las niñas) saben si quiera lo que es la ingeniería, es más, si lo sabe algún niño en general. En cualquier caso lo que me duele de ésta como primera pregunta es suponer que la primera razón por la que somos pocas es “porque a las chicas no nos gusta”. Sí, lo sé, se trata precisamente de romper con ese mito, mito que sólo se cuestiona la parte de la población que no entiende que ‘las chicas’ no dejamos de elegir la rama tecnológica porque no nos gusten o no se nos den bien las mates, sino porque no sabemos lo que es una ingeniería, porque no tenemos referentes y no entendemos su potencial.

Ante la obviedad de que a las chicas sí les gustan las matemáticas y sí podría gustarles de igual forma la ingeniería si se explicara o se practicara en las escuelas (que por cierto poco se practica aún), las respuestas son igualmente condescendientes: ¡pues claro que se nos dan bien! Es más, los comentarios dan pie a otra tesis peligrosa: chicas, si queremos podemos, pero ¿cuándo hemos dejado de querer? ¿cuándo he dejado de dedicarme a algo porque requiriera esfuerzo? ¿es que las chicas abandonamos? ¿nos desanimamos? ¿o más bien nos desaniman? 

A continuación, el remate viene en forma de “les gusta y además son muy buenas en lo suyo” ¡menos mal! porque si no lo fuéramos tampoco tendríamos derecho a dedicarnos a ello. Incluso la mediocridad está reservada a los hombres.

“Son tan difíciles las carreras de ingeniería?”

Por si no han notado ya mi tono de indignación, la siguiente pregunta retrata otro de los mitos más usados por las mentes simples que creen que las mujeres sólo podríamos querer estudiar cosas sencillas, porque, claro, no hay mujeres médicas, filólogas o fisioterapeutas ¿cierto?

Acá las respuestas más descorazonadoras, todas ellas por supuesto dirigidas a las mujeres para animarnos a esforzarnos ante la dificultad. 

Me pregunto si la carrera es difícil o es difícil la profesión. Me pregunto también si los obstáculos sólo nos los ponemos nosotras o son invisibles, y preguntándome esto último me doy cuenta de que según este vídeo sí, las barreras, chicas, son cosa nuestra.

“¿Los hombres lo tienen más fácil para trabajar como ingenieros?”

Aquí por fin escuchamos a la primera mujer que se atreve a medio insinuar que quizá, puede, tal vez, el hecho de que la ingeniería es un mundo de hombres (”presencia masculina”) donde no somos extraordinarias por estar fuera del “estándar” sino que somos las que estamos fuera de lugar (”nos salíamos de la media”), las que no pertenecemos a este mundo.

Al hilo de esta respuesta, la siguiente entrevistada habla por fin de las “barreras inconscientes” y me lleno de esperanza porque se refiera sobre cómo puede ser que influyan en que quienes podrían contratar, financiar, confíar, apoyar o colaborar con iniciativas lideradas por mujeres dejándose llevar por su prejuicios. Pero no, el mensaje que por supuesto respeto porque es su opinión es que la forma de luchar contra las barreras inconscientes, chica, es hacerte visible. Porque somos invisibles. La barrera es una imaginación tuya que aunque sea inconsciente mía y me deje influir por mis creencias sexistas tú debes solucionar haciéndote visible.

Es muy triste que en menos de tres minutos de vídeo de un proyecto tan necesario como este liderado nada más y nada menos que por la Real Academia de la Ingeniería hayamos abarcado ya tantos tópicos y mensajes confusos para concluir justificando por qué “son necesarios proyectos como Mujer e Ingeniería”.

“¿Qué les dirías a las chicas para que se hagan ingenieras?”

Yo lo primero que no les diría, o no les llamaría, es ‘chicas’ toda su vida. Serás una niña con inquietudes y luego serás una mujer ingeniera. Serás lo que quieras pero no dejes que nadie te robe la curiosidad ni el interés. 

Segundo les explicaría lo que es la Ingeniería, lo que es la tecnología. Les hablaría no sólo del aspecto profesional sino del social, del político, del creativo. Suscribiría el comentario de Ana Alonso cien por cien.

Lo que no haría sería negarles la realidad porque sí: sí, hay barreras y no, no te las pones tú, hay barreras culturales y ésas nos las ponen los demás, no las hemos elegido. Hay machismo, lo siento si no querías escucharlo pero lo hay, de ese tipo de machismo normalizado, de ese del que se sufre por el simple hecho de ser minoría.

Sin embargo tú, que ya sabes lo que es esforzarte ante materias difíciles como las mates, que ya sabes que si quieres puedes, debes usar parte de tu energía para superarlas y, sobre todo, para no dejar que te impidan seguir con tu camino.

“Merece la pena”

Por supuesto que merece la pena. Siento si no hemos dejado claro en la presentación de este vídeo que iba dirigido a convencerte qué de bueno tiene ser Ingeniera. Siento si hemos dedicado cuatro minutos a justificar el proyecto suavizando al máximo nuestras reivindicaciones, pero ya nos has visto. Somos mujeres y hacemos tecnología, porque se puede. Cierto, porque se puede y porque nos empeñamos a pesar de todo.


Vuelvo a insistir, este proyecto es el proyecto de todas: conseguir explicar y convencer a las niñas de hoy por qué la ingeniería es la formación ideal para poder participar en el maravilloso mundo de la creación y desarrollo de tecnología. No es el único pero es el más aconsejable para una preparación profesional. 

Por alguna razón, para la que habrá que hacer la pregunta correcta, el número de mujeres que estudian ingeniería ha descendido notablemente y esto nos preocupa. 

Tú, que aún eres una niña, ésto no lo vives como un problema. Yo, que tengo más de treinta años, que tuve mucha suerte cuando tuve tu edad, siento que las mujeres más jóvenes están perdiendo una oportunidad única en la historia. Por eso quiero convencerte. Porque ya sé que puedes ser lo que quieras por difícil que sea, pero sería realmente emocionante verte como Ingeniera. Como agente del cambio y progreso tecnológico.

Talleres y Charlas 2016 #YWT

yeswetech:

La comunidad de YWT ha comenzado el año con energía y muchas ganas de crecer y queremos que participes en ella.

Hemos creado este tablero para que lancéis vuestras propuestas de charlas (talks) o talleres (workshops) tanto si es algo que os gustaría que alguien los impartiera, como si os ofrecéis vosotras mismas a hacerlo.

Si queréis presentar vuestra propia propuesta sólo tenéis que escribidnos a través del enlace de ‘Participa’ de esta web o por correo electrónico a hola.yeswetech@gmail.com y explicarnos el tema sobre el que os gustaría hablar. 

Si echáis un vistazo al tablero veréis que hay algunas tarjetas sin asignar y que han sido propuestas por nuestras techies ¿os apuntáis a prepararlas?

   

Quiero dar una charla en YWT

La organización se pondrá en contacto con vosotras para planificarlo en la agenda cuando mejor y con el formato que mejor se adapte al contenido.

Me gustaría ver una charla sobre…

Si queréis que alguien se ofrezca para dar una charla, también podéis participar. Añadiremos una tarjeta

al tablero e intentaremos buscar a la persona ideal para dar la charla o taller.

Como sabéis, esta comunidad persigue potenciar la participación de la mujer en eventos relacionados con la tecnología por lo que priorizaremos siempre las charlas y talleres presentados por mujeres, si bien la asistencia a los mismos es abierta a todas y todos.

Quiero presentarme

Si eres un nuevo miembro de la comunidad y te gustaría presentarte y explicarnos tus motivaciones o proyectos, aprovecha el formato corto de 3′ para hacerlo. 


Mantente al día de los próximos eventos de la comunidad YWT a través de esta web o de nuestro meetup.

Preparando un año nuevo llenos de iniciativas…

Insider

Me gusta la ingeniería, me gusta pensar en procesos y metodologías como forma de coordinar el esfuerzo de un equipo de gente con perfiles diferentes para sacar el mejor producto viable. Cerebro y músculo con objetivos comunes. Como me gusta, disfruto del proceso, más cuando la repercusión del beneficio al finalizarlo no está siempre clara.

Creo que pensar en procesos y metodología forma parte de cualquier ingeniero y también de cualquier persona dedicada a la Experiencia de Usuario (incluso en equipos de un sólo miembro).

De la ingeniería también me gustaba programar, sobre todo cuando era una tarea sencilla, cuando no tenía que salir del shell para hacer cosas chulas, o cuando trabajaba con entornos de desarrollo completos. Cuando el lenguaje que usaba no requería de aprender una serie de cosas inútiles porque no estaba bien pensado para el propósito o arquitectura sobre el que se desplegaría.

Me gustan las cosas sencillas, es decir no me gustan las cosas innecesariamente complicadas por complejas que sean.

Ya sea porque soy ingeniera o me he pasado la vida rodeada de frikies amantes de la tecnología, me gusta conocer las novedades en tecnología que hay en el mercado o en investigación. Me gustan los prototipos, las ideas nuevas y el impacto que ésto tiene en la sociedad.

Y me gusta formar parte de esto como creadora, pensadora, desarrolladora y diseñadora. Por eso pienso que forma parte de mi preparación fundamental mantener siempre la visión más amplia posible en la creación de productos tecnológicos.

Sin embargo, durante varias etapas de mi carrera desde que me matriculara en la factultad en 2001, me he ido encontrando con una serie de mensajes contradictorios de quienes creen estar ahí para enseñarte algo, a saber:

  1. Si no eres un amante del cacharreo no eres informático, pero si no sabes nada sobre matemáticas puedes ser lo que quieras.
  2. Aprender tecnologías frontend, desarrollo web o diseño de interfaz es algo accesorio, pero trabajar en un desarrollo y no tener dorma de que lo utilice un humano es secundario.
  3. Los diseñadores tenemos que aprender a programar, pero no podemos dar nuestra opinión sobre tecnología.
  4. En los negocios la seguridad en uno mismo es importante, pero ojo, lo que para unos es muestra de pasión para otros es muestra de cabezonería.
  5. Las habilidades sociales y emocionales son imprescindibles, a no ser que seas muy crack que se te disculpará todo y podrás tener a un equipo entero envenenado.
  6. A tus empleados, estudiantes, compañeros hay que criticarles siempre para que aprendan, eso sí, el refuerzo positivo será siempre virtual en forma de notas o sueldo, si ninguna de estas cosas llegan allá cada uno con sus frustraciones.

Como decía, me gusta mi profesión, aunque a veces te invadan las dudas, las dudas de otros.

Usando el diseño para mejorar la vida de las personas con cáncer

Usando el diseño para mejorar la vida de las personas con cáncer

Qué sabemos de informática

Como ya sabéis desde hoy Google News deja de funcionar y echa el cierre en España como respuesta al Canon AEDE introducido en la nueva Ley de Propiedad Intelectual (LPI) que obligaba a pagar a todos los agregadores por mostrar fragmentos de contenidos pertenecientes a terceros.

Sin entrar en qué ha derivado en otros países ante una situación similar y, a sabiendas de que algo parecido podrá pasar en España cuando los periódicos onlines comincen a perder tráfico y por tanto dinero (más del que ganarían por la ‘tasa Google’), durante todo este debate me ha llamado la atención el siguiente debate en la telesivión pública.

Primero el periodista comentando que la información debe tener un precio en el mercado, que debemos instar una alternativa a Google ‘que funcione’ y luego la mejor declaración de todas, la del ‘replicante’ afirmando que en realidad existe una alternativa y se llama ‘Linux’ el cual, especifica, es un ‘método operativo’.

Ante el comentario del moderador el tertuliano no sólo no se retracta sino que insiste en su idea: ‘Bueno, pero funciona también’, dice.

Como era de esperar las redes sociales ya se han hecho echo del patinazo donde coinciden en la vergonzosa imagen que la televisión pública da al permitir a tertulianos ignorantes hablar de cualquier tema (esta vez el tecnológico) sin pudor.

Estas declaraciones me recordaron aquellas famosas del ex-presidente Zapatero cuando “denunciaba” un supuesto ‘barrido informático’ del gobierno saliente en sus ordenadores. Si ésto era una simple mezcla de términos entre ‘barrido’ y ‘borrado’ imagino que es bastante comprensible para alguien que no sabe bien qué ha pasado (incluso si es el presidente del gobierno). Si es una forma de no ser concretos para no asumir la responsabilidad de declarar que la información ha sido borrada, eliminada o robada por supuesto es algo más grave.

Ya en el año 2014 creo que podemos ir asumiendo que nuestro conocimiento en tecnologías de la información tiene que ser al menos como nuestro dominio de un primer idioma extranjero: sobrepasar la barrera del nivel de usuario hasta el usuario independiente o incluso proficiency, si es que queremos comunicar a más gente sin demasiadas torpezas.

Esas grandes corporaciones

Este post lo escribo desde la experiencia propia y la de mis compañero/as de profesión que conozco, han trabajando en situaciones parecidas. Cualquier diserción, corrección u omisión a propósito o casual estará permitida bajo mi cuenta y riesgo.

Diseñar no es fácil, como pocos trabajos relacionados con el mundo de las nuevas tecnologías lo son. Hacerlo en entornos hostiles, con pocos recursos o con mucho escepticismo hacia el valor que aporta un diseñador lo complica todo. Sin embargo una cosa es cierta, en las grandes empresas, esas que tienen más de 1000 empleados y quizá algún departamento o rol dedicado exclusivamente a hacer que los productos digitales sean percibidos de una manera más agradable por sus usuarios, se aprende muchísimo si vas sin prejuicios y sin venenos.

Hay luchas, pero no son todo batallas, también hay estrategias, pero no todo es política, hay mucho de consenso, negociación, comunicación y empeño, pero no todo es una pérdida de tiempo o una venta de humo.

La probabilidad de encontrarte mucha gente muy senior en una gran empresa es altísima y eso, si sabes aprovecharlo, es tan valioso como un máster de posgrado. Los proyectos tienen con más probabilidad un impacto altísimo y eso te hace sentir parte de algo importante. También es cierto que se es más hormiga, más cola de león, y más invisible para tus pares. El trabajo en equipo diluye las contribuciones individuales y los departamentos tienden a crear barreras para protegerse de los vendabales.

No creo que trabajar para una gran empresa sea mejor o peor opción que para un estudio pequeño o para ti mismo, pero sí pienso que es una experiencia por la que merece la pena pasar. Hoy en día todos nos animan a emprender, a ser freelance, montar startups, en resumidas cuentas trabajar por cuenta propia y a arriesgar tu propio dinero, tiempo y vida para darle autenticidad a tu trabajo. En mi opinión todo eso está muy bien y creo que siempre hay tiempo a cualquier edad, en cualquier contexto, igual de bien que si decides no hacerlo o postponerlo. Yo os animo a ser un insider en una gran corporación alguna vez en vuestra carrera profesional para conocer cómo son estas estructuras por dentro. Quién sabe, quizá algún día compitas con ellas en los mismos mercados.

En mi opinión las grandes empresas no son el peor lugar para desarrollarte profesionalmente, lo que uno odia de éstas es probablemente lo que cualquiera detesta de cualquier lugar de trabajo: sentir que trabajar para otro no te compensa a cambio del tipo de vida que te permite llevar o que no tenga una cultura con la que te encuentres cómodo/a y de la que te sientas parte.

Respecto a la Experiencia de Usuario esto último puede parecer bastante más dado en las compañías con más gente, fuertemente orientadas al desarrollo a medida, industrializado y que imponen mucha presión en las entregas a menudo a costa de la calidad. Si bien nunca es sencillo hacer tiempo para diseñar, testear o analizar requisitos, sí que invierten en comunicación con el cliente y justificación de proyectos. La cultura es todavía algo que puede transformarse, lo que no pueden cambiarse son los dinosaurios empresariales.

Otra cosa difícil de conseguir en una gran empresa es la supervivencia en puestos de baja responsabilidad. En este país por desgracia si quieres que tu experiencia se valore en términos económicos eso sólo significa asumir mayor actividad de gestión o liderazgo. Esto hace que quizá el mejor momento para trabajar así sea en los comienzos de tu carrera en los que existe cierta curva de mejora hasta que te ahoguen las hojas de cálculo. Te ayudará además a enfrentarte a situaciones de complejas y con personas con expectativas muy diferentes de tu trabajo, lo que hará que acabes aprendiendo a adaptar tu discurso y tu comunicación.

Es posible que llegue un punto en el que sientas que has llegado lo más lejos o alto posible, que quien está cerca no puede concederte ya más autoridad porque las empresas sufren de parálisis sistémicas contra las que no se puede competir, que tu trabajo se desgasta por las difícultades inherentes al proceso de desarrollo o que la rutina cierra cualquier posibilidad de diversificar. Si te llega ese momento lo mejor es buscar otro trabajo. Podrás querer empezar de cero o no, con otro proyecto, otra gente, otra empresa (hacerte freelance!) pero una cosa es segura, llevarás muchas más millas a tus espaldas y esas experiencias e inercias son buenas para acelerar de nuevo.

Es imporante que no olvides tus aspiraciones ni dentro ni fuera de una gran empresa y que tengas claro cuál es tu idea de éxito u objetivo a alcanzar ya sea profesional o personal. Una gran empresa no es un boquete ni una lanzadera, pero puede hacerte crecer si aprovechas sus bondades aún con el riesgo de destruirte si te acomodas demasiado rápido.

Qué hacer si estás fuera

La segunda parte de este post la escribo bastantes días después, tras conocer la noticia de que la empresa en la que trabajo ha planteado un ERE que afectará al 25% de sus empleados. Pero no quiero entrar en detalles sobre ese ERE porque me pondría de muy mal humor, sino seguir con el mismo espíritu y tono que me movió a publicar esto.

En mi opinión no hay nada más duro a nivel profesional que alguien decida por ti algo que tú no quieres hacer o para lo que no estás preparado. Con o sin razón o lógica, con o sin justificación, sentirte fuera de forma forzada es algo que, por inesperado, no resulta fácil de encajar en tus planes. Cuando uno empieza a sentirse más empleado que trabajador, más asalariado que profesional, es de nuevo el momento de decidir la actitud que quieres tomar.

De nuevo, acomodarse no creo que sea una solución, esperar a que te empujen en mi opinión sólo es buena idea si psicológicamente ya estás preparado para no sentirte frustrado si ocurriera. Lo que no debe pasar en ningún caso es que cualquiera que sea la circunstancia laboral que se presente (mi empresa no me quiere, mi partner confía más en otro, mi cliente quiere a alguien más barato-rápido-guapo, etc.) se convierta en un motivo para minar el tipo de profesional que eres, porque a fin de cuentas, son circunstancias laborales y es importante separar ambas cosas.

Volviendo al hilo de este artículo, de nuevo, las situaciones o condiciones laborales en las empresas no son las menos malas del mundo. Tienen sus horarios, sus convenios, sus comités de empresa (ejem ejem), sus políticas de recursos humanos, sus cotilleos de oficina, los cafés y la familariedad. De malo tienen las horas extras, los sueldos fijos, la cotidaniedad y los expedientes de regulación de empleo (entre otros).

Como trabajadores debemos hacer un ejercicio para ser honestos en cuanto a la forma y condiciones en la que nos gustaría hacerlo, más que nada para evitar la resignación en la medida en la que podamos elegir.

Los diseñadores concretamente, no siendo los peor valorados en cuanto a sus aportaciones sobre los productos son, sin embargo, los más prescindibles para una gran organización ya que la capacidad de traducir la ganancia en calidad con el impacto sobre los clientes se diluye a lo largo del proceso de desarrollo. Por otra parte, la subcontratación sigue siendo algo más goloso que los departamentos en plantilla. Obviamente creo que es un error para una gran corporación deshacerse de estos perfiles pero lo cierto es que laboralmente somos uno más: todos somos iguales, sin clases, sin departamentos, sin arrogancias, y con mucha humildad.

Y como lo cortés no quita lo valiente, espero que cualquiera que sea vuestra circunstancia consigáis que lo laboral no os quite lo profesional. A fin de cuentas hablamos tan sólo de un lugar más de trabajo.

Finalizo esta pequeña reflexión animando a mis compañeros/as a que reinventen su ideal mundo laboral donde, desde su profesión, ayuden transformar las palabras más crueles que forman parte de todas estas grandes corporaciones: de productividad a eficiencia, de rentable a sostenible y de competitivo a cooperativo.