Intentar ser mejores

Estamos más obsesionados con aparentar ser buenos que a veces nos olvidamos simplemente de intentar ser mejores. Pensándolo tiene cierto sentido, nuestra identidad moral y nuestra reputación son un valor que queremos preservar porque lo que piensan los demás de nosotros nos importa.

El problema surge cuando preferimos proyectar una imagen artifical sobre lo buenos que somos o nos creemos ser (de acuerdo a unos estándares) hasta tal punto que nos impide accionar los mecanismos para crecer: el ensayo y el error.

Me gustaría rescatar una historia que siempre me ha inspirado para explicar mejor esta idea.

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Post-humanismo y diseño

No todos podemos sostener, con un alto grado de seguridad, que hemos sido siempre humanos. – Rosi Braidotti “Lo Posthumano”

El concepto de humano, nacido en la Ilustración, nos da cierta tranquilidad. Ser humano es lo natural en nosotros, es nuestra característica fundamental como especie, nuestra identidad.

Sin embargo, en el contexto de las sociedades globalizadas y tecnológicamente dirigidas, esta identidad y sus relaciones con los demás se vuelve más compleja. Robots, prótesis, neurociencias, biogenética nos llevan a un mundo de tecnotranscendencia y ciberdrama.

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Aprender a enseñar… con propósito

Recientemente he terminado el taller Aprender a Enseñar de La Nave Nodriza facilitado por Marina Lorenzo y Ana Carrascosa de Materia Prima. Mi motivación principal para hacer este curso era el de conseguir, a través de la formación, transformar la manera en la que comparto conocimiento y adecuarla a la audiencia para que tenga valor. Sin embargo, me he encontrado con mucho más.

La buena formación se diseña para la audiencia

El principio es sencillo: el objetivo es que el alumnado aprenda algo que le transcienda. Tan ‘sencillo’ como cualquier otro principio del diseño centrado en el usuario: poner a las personas en el centro del proceso, diseñar productos que las personas deseen usar, encuentren útiles, usables, vivenciales.

Una buena sesión de formación, al igual que un buen producto digital, debe ser diseñada pensando en las personas a las que va dirigida. Partiendo de sus necesidades, sus expectativas, su conocimiento previo y su contexto (y en este contexto intervienen muchos factores).

Pero hay otra cosa mucho más interesante: el grupo. El aprendizaje que se produce en adultos (andragogía) no depende de las facilitadoras únicamente ni se transmite en una única dirección. El trabajo colectivo, la observación, la interactividad con otras personas es fundamental.

El poder del lenguaje, el marco teórico y metodológico, el entendimiento de las fases del aprendizaje grupal y la definición correcta de objetivos realistas, alcanzables y ¡medibles! son parte de este proceso de diseño.

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But I’m a (cheer)Leader

But I'm a Cheerleader

Siempre que alguien me habla de liderazgo me viene a la mente esta película. But I’m a Cheerleader (1999) es un film estadounidense que critica en clave de humor la construcción social de los roles de género y la heteronormatividad a través de la historia de una chica que, en principio, no se reconoce como lesbiana (cinta divertida y recomendable).

Salir del armario en el sector tecnológico no está relacionado (sólo) con los roles de género, sino con los roles profesionales cargados igualmente de estereotipos, de orgullo e incluso de fobias. Esa obsesión por la carrera profesional que parece dibujarnos un único camino para alcanzar ‘el éxito’ tiene un componente clave: ser un/a leader (aunque te mueras de hambre). 

Pero ¿cómo se llega a ser directivo de una empresa? ¿quiénes son los jefes? ¿puede un CTO venir del campo del diseño? ¿qué esperan de nosotras/os? Fundadores, emprendedores, iniciadores, incitadores, hombres de bien vestir y de mal tratar, insoportables todos que nos hacen creer que nosotras, que nosotros, no podemos ser lo que nos dé la gana sin andar justificando esta especie de travestismo profesional o transgresión laboral. En cualquier caso, espero que nuestras aspiraciones no se curen nunca de sentido crítico, de empatía o de sensibilidad y que deconstruyamos cualquier identidad que no nos acepte como somos.

Menos charlas Ted y más performance.

Dar formación como recurso

¿Te ha picado alguna vez el gusanillo de la formación? Entonces sabrás como yo lo que se siente cuando quieres empezar a compartir todo lo que has aprendido y no sabes por dónde empezar.

En realidad la tarea de formar es más compleja ya que no se trata sólamente de aportar experiencia sino rigor y una base teórica y práctica sólida para que los estudiantes sean incluso mejores de lo que tú fuiste alguna vez.

Sin embargo, viendo la cantidad de oferta formativa que hay por la red parece difícil de competir. Por esto hace un par de años cuando me entraron ganas de meterme en este campo de la formación me lo planteé de la siguiente manera

  1. Recopila todos los materiales que has usado durante tu trabajo
  2. Fórmate y lee mucho
  3. Escribe y publica lo que has aprendido
  4. Haz talleres y cursos que te permitan recoger feedback de los asistentes
  5. Da charlas en público
  6. Grábate hablando y explicando ideas
  7. No empieces sola
  8. Practica lo que sabes en tu trabajo diario
  9. Ofrece recursos sin dar lecciones a nadie
  10. No trabajes gratis (el precio no es siempre económico)

No puedo decir que éste sea un objetivo cumplido, de hecho lo comparto hoy como uno de mis propósitos recurrentes. Aún me queda muchos proyectos de formación que poner en marcha pero sí es cierto que ya he empezado a trabajar en ello, gracias a Lemoncode, a este blog y a Yes We Tech puedo llevar a cabo mi estrategia.

Diseño persuasivo, diseño alienante

Habrás escuchado una y mil veces que el diseño de interacción tiene que ser persuasivo, convincente, emocionante, tiene que motivar e influir en nuestra decisiones a la hora de interactuar con un producto o servicio.

It’s about understanding the emotions that influence people’s behavior and decision-making, and then acting on that information to design compelling user interactions

El objetivo del diseño de interacción persuasivo es modificar el comportamiento del usuario a través de las emociones usando teorías de la psicología y la sociología.

Desde luego hay otros principios básicos en diseño de interacción como los conceptuales y los de interfaz, pero en lo que concierne a la relación persona-máquina, persuadir es la clave. Persuadir, repito, para modificar el comportamiento.

La motivación de la persuasión es uno más de los límites que debemos saber identificar para no contribuir a la creación de una cultura de consumidores interactivos alienados. De esos que se convierten en el producto cuando no pagan por él. De esos cuyo tiempo de calidad lo pasan enganchados a la tecnología por puro entretenimiento.

¿Quiero decir que el entretenimiento es malo? En absoluto, lo que quiero decir es que el diseño de experiencias que persiguen la alienación de los usuarios es éticamente reprobable si se quieren seguir ciertos valores. Los que nos propone el libro About Face (una biblia para mí desde hace diez años que sigue teniendo conceptos imprescindibles) me parecen un buen punto de partida:

  • Ethical (considerate, helpful)
    • Do no harm
    • Improve human situations
  • Purposeful (useful, usable)
    • Help users achieve their goals and aspirations
    • Accommodate user contexts and capacities
  • Pragmatic (viable, feasible)
    • Help commissioning organizations achieve their goals
    • Accommodate business and technical requirements
  • Elegant (efficient, artful, affective)
    • Represent the simplest complete solution
    • Possess internal (self-revealing, understandable) coherence
    • Appropriately accommodate and stimulate cognition and emotion

Sin embargo nadie dice que esto sea fácil, más si cabe cuando las experiencias no se pueden diseñar ni construir, si acaso facilitar. Es ahora, después del uso y del tiempo cuando hemos podido identificar las consecuencias de ciertos diseños, por ejemplo, del famoso botón ‘like’. Una lectura de las experiencias de usuario generadas tras ese diseño llevada quizá al extremo la pudimos ver en el capítulo ‘Caída en picado’ de Black Mirror, donde la reputación dependen totalmente de cómo los demás te valoren y ahí está la tecnología para ‘ponerlo fácil’.

Mujeres, la tecnología no tiene edad

Con el ruido de fondo de la lavadora, te mando mis respuestas que son más bien preguntas.

Soy una persona con suerte o al menos cuando la escucho me hace sentirlo. La semana pasada mencionaba lo inspirador que me resultó escuchar a Emma Watson. Esta vez he ido a buscar la inspiración un poco más cerca. Puesto que siempre se dice que en esto de animar a las mujeres a estudiar materias relacionadas con la ingeniería y la tecnología lo importante es tener buenos modelos en los que reflejarse, he decidido entrevistar y compartir al que considero es el primero de todos ellos: mi madre.

La protagonista es Carmen Montero, licenciada por la Universidad de Granada en Geografía e Historia y profesora, ya jubilidada, desde 1970. Carmen tiene ciento veinte y tres seguidores en Twitter y ha publicado ya más veces que todos sus hijos juntos. Ella no es una millennial pero la jubilicación le ha supuesto un despertar tecnológico.

A pesar de lo banales de mis preguntas, sus respuestas son de lo más interesantes. Os invito a repreguntarle a ella o a cualquiera de las mujeres que tengáis cerca y sean usuarias o creadoras de tecnología, porque si he aprendido algo de ella es que la edad tampoco es una barrera real aunque nos intenten hacer creer lo contrario.


 

¿Cuál fue tu primer contacto con el mundo de la informática?

C: Ver a mis hijos exigir ordenadores caros e imprescindibles para sus estudios y no entender la necesidad ni el lenguaje.

¿Cuáles de las aplicaciones actuales te hubiera gustado usar durante tus años en docencia?

C: No tengo mucha opinión porque no he llegado a conocer en profundidad la tecnología aplicada a mi asignatura, pero con mi pizarra y mis mapas he sido feliz en mi trabajo y lo sentía como algo mágico. Una vez vi a un profesor explicar las maravillas de la producción esclavista en el mundo romano y parecía tan atractivo que me asusté.

¿Desde cuándo usas Twitter? 

C: Twitter ha sido mi gran descubrimiento y creo que hace ya unos 8 o 9 años, desde la jubilización que estoy en contacto con gente que me interesa y me desahogo de vez en cuando.

¿Qué es lo mejor de WhatsApp según tu experiencia? ¿Y lo peor?

C: WhatsApp lo veo genial porque sientes a las personas cerca y te permite ignorarlas si no queres interactuar. No le encuentro nada negativo siempre que uno sea capaz de decidir.

¿Qué otras aplicaciones usas en tu móvil o tablet habitualmente?

C: Las aplicaciones que uso son mínimas: correo, fotos, gifs, google, etc.

¿Crees que ha cambiado en algo tu vida el ser una usuaria más activa de la tecnología?

C: Si no hubiera tenido estas posibilidades a lo mejor hubiera escrito cuentos, cartas, aunque la pereza te hace postponer las cosas. Internet es importante porque es lo inmediato.

Como especialista en Historia ¿Cuál crees que será el impacto de esta nueva era de la computación en la sociedad actual? 

C: Nunca me he considerado especialista de Geografía e Historia. Como especialista no tengo ni idea de qué puede ser. Las cosas nuevas siempre traen interrogantes nuevos. 

¿Qué impacto crees que tendrá la evolución de la tecnología en las futuras generaciones?

C: Me daría pena que se perdiera la lectura en papel o la escritura. Me preocupa que todo dependa de estar enchufados, de estar conectados. No lo tengo claro. Tú me ayudas. 

 

 

 

Esto no se para

La escucho y no lo puedo evitar, me emociona. Sus palabras se dijeron para encender la mecha de uno de los movimientos feministas más relevantes del siglo XXI: HeForShe, iniciado en su papel de embajadora de las Naciones Unidas. Emma Watson es una mujer privilegiada que ha hecho con su poder algo necesario: activismo político. Cualquier mujer que la escuche estoy segura de que empatizará con ella, los hombres feministas probablemente también.

No es la única fuente de inspiración que motiva el artículo de esta semana pero coincide con un aniversario que se acerca: los dos años de nuestro humilde movimiento/comunidad tecnológica Yes We Tech.

Ya lo he contado muchas veces aunque me gustaría recordarlo una vez más. Yes We Tech nació del hartazgo y la disconformidad de una situación que se ha normalizado y es la escasa presencia de la mujer en el sector de la tecnología. Nació en Málaga, de un pequeño grupo de mujeres que nos dedicábamos a esto. Y creció, ha crecido más de lo esperaba y estoy gratamente impresionada. Quiero pensar que lo que más lo diferencia de otras iniciativas parecidas es que decidimos etiquetarnos como feministas y sin embargo no hacemos referencia a niguna palabra como chica o mujer. Por eso, cuando escucho al comienzo del discurso que Emma Watson dio hace tres años decir cómo “la palabra feminismo ha resultado ser tan poco popular que las mujeres han decidido no identificarse como feministas”, con todo el miedo o diferencias que a otras mujeres como yo puedan tener, me reafirmo y me siento parte de esta comunidad.

Ser feminista es necesario. También en el sector tecnológico, precisamente por la componente que en muchas ocasiones se obvia y es que la tecnología es un mundo de privilegiados. Me quiero adelantar ahora a la reacción de algunos recién titulados cuyos contratos o becas precarias le hagan sentir desdicha. Señores, el futuro es prometedor para ustedes, y ese presente de mierda no es ni de lejos comparable a lo que sucede en otras profesiones, es más, es consecuencia de que a muchos les haya dado igual hasta ahora que a las personas se nos maltratate o discrimine por nuestra edad. O como el feminismo reclamaría, por nuestro género.

Dejemos de pensar que no hay nada que hacer y que nada está relacionado. Dejad de pensar que nosotras hemos decidido no estar aquí. Que nadie nos ha negado el acceso. Dejad de creer que cuando hablamos emitimos un mero testimonio aislado. No he conocido a una sola mujer en estos dos años de activismo que no me contara una situación en la que no haya sido humillada, excluida, insultada o todo a la vez. Dejad de creer que es una cuestión de números únicamente. Dejad de pensar que un mundo de hombres es un mundo neutro.

A veces me vuelvo a preguntar por qué en el mundo de la ciencia y la tecnología es tan importante hablar de feminismo. Mi respuesta la encuentro en los productos que consumimos, en las empresas que nos dan trabajo, en el conocimiento que se divulga… si nada de esto sirve para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, no sirve para nada. Si la tecnología está hecha para servir al hombre, el hombre no sirve para nada. Y si alguien se molesta con estas ideas que se joda con el genérico masculino y que se ponga las pilas.

Feliz aniversario Yes We Tech.

Nota I:

Hoy mi sobrina de cinco años se ha sentido excluida por anuncio publicitario que ofrecía un delicioso y azucarado desayuno “para campeones”. Tiene dos opciones: resignarse, normalizarlo y entender que hay cosas que no son para ella; o reclamar y reivindicar que se la trate de la misma forma (incluso en el asqueroso mundo de la publicadad). Nosotras también tenemos dos opciones: quitarle importancia e ignorarlo y dejar que sean otros quienes le sigan diciendo qué puede llegar a ser y qué no; o bien, darle la vuelta al discurso y dejar de contribuir a él.

Nota II:

Dos años más tarde Emma Watson volvió a dar otro discurso, su retrospectiva no tiene desperdicio.

En un mundo de máquinas, sólo la cultura nos salvará

Miedo es lo que a muchos produce la idea de que las máquinas, cada vez más inteligentes, nos puedan sustituir de una vez por todas.

Últimamente se habla mucho de cómo la Inteligencia Artificial y el análisis de datos masivos van a marcar una nueva era que impactará por supuesto en nuestros trabajos. Coches que se conducen solos, servicios digitales que conversan, detección de enfermedades temprana, aparatos conectados entre ellos funcionando en la Internet… todo esto suena maravilloso, es innovador hasta que empiezas a preguntarte ¿qué pasará con nuestros puestos de trabajo?

Teniendo en cuenta que hemos transformado la idea de trabajo, ése que dignificaba, por el concepto de empleo, éste con el que se mercadea, no me extraña que el miedo llegue tan fácil a tanta gente. La crisis no ha ayudado, desde 2007 miles de hogares sin ingresos se han quedado sin su única fórmula de supervivencia: ese empleo. Sin embargo hay algunos que lo consiguen, salen adelante y no gracias al empleo sino a otras estructuras sociales como la familia, las asociaciones de vecinos y demás redes humanas solidarias.

¿Qué tienen que ver aquí las máquinas? Mucho. Las máquinas con las que tanto se nos amenazan deberían venir a salvarnos de un trabajo esclavo, pero no, se nos venden como ladrones de empleo. Y con esa fórmula tan fácil de marketing dejarán que los humanos de siempre, esos que saben aprovechar la libertad de los capitales, que viven de ellos y por lo tanto que no conocen lo que es ganarse la vida de tu trabajo, puedan sacar rédito, una vez más. Pero ¡qué diabólicas las máquinas que nos quitan el trabajo! ¡que paguen impuestos! ¡que nos paguen los seguros sociales!

Qué ironía, imagino a un taxista de los de ahora, trabajador y empleador, de los que se resisten a los nuevos modelos del capital y la innovación tecnológica, protestando contra los Uber y los Cabify, con su San Pancracio en la guantera, rezando por una buena carrera desde el aeropuerto a la que sacarle unos céntimos más si no enciende el aire acondicionado de camino a casa de una persona que piensa que le están estafando, que ojalá el viaje en coche fuese más cómodo, barato y eficaz.

Perdón si mezclo ideas, pero todas forman parte del mismo contexto. Perdón si me he desviado, aquí viene mi segunda tesis. La primera por si no ha quedado clara es que no hay que tener miedo. Que somos nosotros los que ya hemos dejado entrar a las máquinas que nos quitarán nuestro trabajo y no, no tienen cables, ni códigos binarios, son de carne y hueso.

Pero en cualquier caso, si las máquinas, ésas de las que habla el vídeo, provocaran en un futuro no muy lejano lo que ya estamos viendo, la automatización de tareas repetitivas e incluso las supuestamente creativas ¿qué nos queda? En mi opinión: el hedonismo cultural; que no es poco. Qué mejor evolución y revolución que la de dedicarnos a la sociedad, a la política, a las humanidades, a la ciencia, al deporte, al conocimiento.

Cuando la producción cultural estalle y todos seamos parte de una gran performance artística. Cuando hayamos aprendido tanto sobre nuestra naturaleza humana que nos permita eliminar la injusticia, la violencia y las desigualdades. ¡Cuánta ingenuidad! ¿cierto? Seguramente, en mi mundo ideal en el que gracias a la liberación del trabajo podamos dedicarle tiempo a la gente, a la vida y al pensamiento, no habrá miedo a que las máquinas tengan un lugar. Y habrá lugar a la ingenuidad, al ingenio, a la genialidad.

Que cada cual decida con qué visión del mundo se queda, pero pensad que quienes nos gobiernan también tienen ideas locas como estas, tanto es así que no tienen miedo a las máquinas, sino a la cultura.

Fdo. medio empleada, medio trabajadora, algo idealista y un poco cyborg.

 

¿Te gusta tu forma de trabajar?

Escuchar a Jason Fried es siempre inspirador. Para mí es esencial volver a sus ideas cada vez que me replanteo cuál es la filosofía de trabajo con la que más me siento identificada. La que nos transmite en sus libros Rework, Getting Real y Remote es una referencia para mí.

Leer cualquiera de sus ensayos es imprescindible si tú también quieres recordar las ideas fundamentales sobre el cómo trabajar de una forma ágil, eficiente, que nos haga sentir orgullosos de lo que hacemos, que nos permita disfrutar de lo que creamos. Jason Fried escribe de forma directa y atrevida, no se para en las justificaciones, lo que dice es lo que piensa y le ha funcionado para poner en marcha su existosa plataforma Basecamp. Aquí os dejo alguna de las ideas de ‘Getting Real’ que más me han llamado la atención:

  • Build Less: Haz menos pero hazlo mejor
  • Hace an enemy: Piensa en quién no te quieres parecer, úsalo como motivación
  • Less mass: Crea un equipo pequeño (empieza con 3), capaz de mucho, que use open source.
  • What’s the Big Idea: la visión del producto en una sola frase
  • Make Opinionated Software: tu producto tiene que tomar parte, el software agnóstico es bullshit.
  • Human Solutions: haz software sobre conceptos generales que permitan a la gente usarlos para sus propias soluciones. No fuerces convencionalismos.
  • Forget Feature Request: los clientes piden cualquier cosa que les parezca, ignóralos.
  • Hold the Mayo: pregúntale a la gente lo que no quieren.
  • From Idea to Implementation: Ideación, bocetos en papel, interfaz en HTML y de ahí al código, y no al revés.
  • Meetings are toxic: no las tengas
  • Get well rounded individuals: gente que aprenda rápido, generalistas mejor que especialistas.
  • Interface first: la interfaz es tu producto, diséñala antes de programar.
  • Three state solution: diseña para una pantalla cuando funciona con contenido correctamente, cuando está en blanco y cuando tiene errores.
  • Copywriting is interface design: si cada pixel importa, las palabras también.
  • Optimize for happiness: usa herramientas que mantengan a tu equipo motivado.
  • Hollywood launch: crea pre-hype, lanza una avance, un preliminar y luego el lanzamiento. Empieza a anunciarte antes del lanzamiento.
  • Feel the pain: haz el soporte al cliente tú mismo.
  • Better, not beta: no esperes a alcanzar la perfección, pero sé responsable.

A mí me gustaría añadir a esta especie de mantra, algún otro consejo no solicitado:

  • Tu tiempo no es oro, es mucho más: No le pongas precio a tu tiempo pero valóralo como algo que está muy por encima. Si tienes un contrato por tiempo y dinero haz que te merezca la pena, no gastes energía en cosas y personas sin valor.
  • Sé flexible, no elástico. Adaptarse a diferentes situaciones es importante, sabiendo qué tienes que ceder y qué dejas a un lado. Ser elástico es peligroso si significa acomodarte forzosamente a lo que los demás esperan de ti.
  • No hay una sola forma de sentir pasión por lo que haces, no esperes reflejarte en los demás para hacerlo, no esperes la aprobación de nadie. Sea lo que sea lo que te motiva úsalo para tu trabajo, para hacer cosas. Ése es el mejor valor añadido.

Si tú ya has leído cualquiera de los libros de Jason Fried estoy segura que te sonaran esas ideas ¿hay alguna otra que te parezca especialmente destacable?