Alguien le ayuda a subir y posicionarse. Se prepara para un viaje forzado hacia la otredad. No sabe contar hacia atrás, no sabe qué significa flotar ni a qué aferrarse cuando los newtons dejen de tener efecto sobre su cuerpo. Sólo puede mirar por la escotilla: árboles, mares, montañas y humanos. Todo su mundo cada vez más pequeño, más lejano, menos cierto. Y de repente, todo se llena de espacio.

Número 65 no quiere volver, no necesita un nombre, ni un género, ni un estudio post mortem. La pena que siente prefiere aliviarla desde otros mundos.

A “hand shake” welcome. After his flight on a Mercury-Redstone rocket, chimpanzee Ham is greeted by the commander of the recovery ship, USS Donner (LSD-20).

La competición hace al hombre menos animal y menos humano. Lo reduce a una porción mínima de sus capacidades intelectuales y emocionales, lo descubre como un autómata dirigido por sus vísceras. Fácilmente manipulable, imitable y reproducible.

Desde un punto de vista egoístamente tecnofílico, reducir al hombre a su absurdo nos interesa. Su comportamiento es más predecible y alienable. Nos permite ver al chimpanauta como un ser igual a sabiendas de que ese grado de equidad pueda ofender nuestro ego.

Elevar la categoría de animal a la de humano, así como la de mujer a persona, en un acto de imbricación permanente que lo desestabiliza y lo llena de inquietud. Por eso debemos jugar con las identidades.

La identidad de Número 65 me gusta especialmente, porque no existió hasta que no tuvo nombre y no tuvo nombre hasta que no regresó. ¿Pero y si Número 65 nunca hubo regresado? ¿Y si sus congéneres están exigiéndonos una revolución permanente para reagruparse en ese lugar-otro? ¿Los reencarnaremos en máquinas para devolverles su estatus natural como nuevos seres virtuales mucho menos amenazantes?

Kanzi demuestra que es capaz de repetir lo aprendido ante la mirada estupefacta del humano, incapaz de entenderle. Pero hemos cumplido la misión: el mono cumple nuestras órdenes y ha entendido quién instruye y quién obedece, es una máquina más.

¡Queremos que hables!

Lexigrama diseñado para enseñar a un animal a comunicarse con un humano.

El poder de lo visual es tal que los lexigramas se utilizaron durante muchos años para enseñar a los chimpancés a comunicarse con nosotros. Le ofrecimos un número limitado de palabras que podían usar (café entre ellas ¿por qué? no lo sé) y les obligamos a practicar hasta que las memorizaron. ¿Se imaginan enseñarle a hablar a un humano con un sistema como ese? Ni Nim Chimpsky lo hubiera aprobado.

Si lo intentáramos, veríamos que hay un gran margen de mejora en el diseño de acuerdo a nuestras habilidades cognitivas:

  1. Agrupación de términos relacionados en categorías que ayuden a memorizarlos y encontrarlos más fácilmente (alimentos, sentimientos, acciones, entorno, etc.).
  2. Uso de una iconografía familiar que represente una abstracción conceptos simples y reconocibles (más allá de las líneas poligonales que nada tienen que ver con el objeto real).
  3. Uso del color que ayude a asociar nuevos significantes sobre los conceptos sin necesidad de crear símbolos adicionales.
  4. Uso de elementos interactivos que ayuden a expresar la voluntad del sujeto y a recibir el feedback necesario para entender que lo expresado tiene o no sentido dentro de las reglas de la comunicación.
  5. Utilización de una tipografía que no sea la Comic Sans . Posiblemente, el etiquetado esté más dirigido al humano que al animal, para que le ayude a recordar el concepto dado que los símbolos son prácticamente irreconocibles.

No es que me sienta motivada a rediseñar el sistema con el que se pretende forzar a los animales a comunicarse con nosotros (un poquito sí la verdad)., pero si jugamos con la idea y seguimos suponiendo que el cerebro y la vista de los chimpancés tienen un funcionamiento parecido al nuestro, podremos llegar a crear algo mucho más fácil de aprender y más usable.

Ninguno de sus maestros les preguntó qué querían, en ninguna de las doscientas palabras del posible lexigrama que pudera haber usado para comunicarse existía la palabra “libertad”. Nim, Kanzi y Número 65 nos han escrito una carta desde el futuro, nadie la entiende pero cada día hay una certeza: no han regresado.

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UX Lead at Ebury and graduated as a Computer Engineer at the University of Granada. In the past, I've worked as a teacher, consultant, and developer. Designing valuable technology for people is what I enjoy the most.

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