La proética o poética de la programación es el sentimiento estético por medio de la palabra donde el verso es la instrucción.

La belleza que reside en la abstracción matemática, en el simbolismo utópico y la armonía de la función. La elegancia de la generación de modelos conceptuales que definen sistemas donde la información se transforma una y otra vez y cambia de significado a través de todas sus interfaces. El ritmo lo marcan las interacciones, las rimas son entradas y salidas de la ejecución de las voluntades del humano y la máquina.

Quién ordena a quién está aún por descubrir. Cuando las líneas deben seguir unas normas de mínimo entendimiento, una sintaxis cuadrática, una gramática milimétrica, una pixelación perfecta, los trozos de código y de pantalla nos cuentan lo que queremos ver y escupen nuestras vergüenzas, como fallos de sistema.

Usuario inexistente. Página no encontrada. Servidor inalcanzable. Base de datos caída. Contenido sólo para adultos. Error 420201. Pánico en el kernel. No estás conectado.

Programar es un acto subversivo de rebelión constante entre el lenguaje y los medios de producción. Las manos que escriben forman parte de la expresión de género que dicta al mundo los punto y coma, las tabulaciones y las variables que devienen en una falacia normativa.

El engaño de la no programación, de lo amigable en el mercado de los ojos y el capital (1), de la compra visual de bloques de código enmascarados en vectores visuales, gráficos portables y demás convenciones de lo artístico disfrazado del porvenir de lo técnico.

Hay algo errático cuando programas porque cuando programas construyes la posibilidad de la repetición infinita e indeterminada. Donde todo lo que no se dice no es verdad, pero lo que se dice es, ciertamente, un pequeño acto de mimetismo e ingenuidad, de apropiación de lo ajeno, el imperio de la automatización de tareas.

Programar es cultura, hablar el idioma de los autómatas, fábrica de un género literario que desafía los límites de lo natural ex machina.

Y ahora, ¿quién resuelve el conflicto?¿quién tejerá las nuevos designios mientras la habitación se vacía y el sonido seco y brusco de lo mecánico dibuja una cartografía de lo que anhelamos para que todo encaje, para que todo ocupe un lugar determinado, una nueva naturaleza en el ciberespacio más anárquica y menos responsable de nuestra huella digital? ¿quién es el actante y quién el virtuoso?


(1) – Remedios Zafra, Ojos y Capital, Consonni, Bilbao, 2015.

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UX Lead at Ebury and graduated as a Computer Engineer at the University of Granada. In the past, I've worked as a teacher, consultant, and developer. Designing valuable technology for people is what I enjoy the most.

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