Este texto de ficción es un relato inspirado en eventos e interacciones retroprogramadas. Literatura gris, comentarios entre líneas de código orquestradas por patrones sintéticos. Píxeles sin forma y sin color, imperceptibles. Metáforas que parecen genialidades y que no son más que extensiones de nuestra frustración, la búsqueda de dignidad, el ego que penetra y desaparece antes de que ser descubierto.

La interfaz

Entre las muchas superficies que acostumbramos a tocar existe una que nos conecta al universo digital, un sistema artificial tejido con dedos de carne e impulsos eléctricos.

La interfaz de usuario ante nuestros ojos, captando toda nuestra atención y estableciendo una conversación necesaria entre personas y máquinas. Interrumpe, cuestiona, facilita y transgrede espacios de intimidad mientras se proyecta en pantallas y dispositivos que nos invaden, que se entienden mejor entre sí de lo que podríamos imaginar y que mantienen vivas nuestras expectativas.

Ahora que las cosas están en internet, éstas no se limitan a transmitir un mensaje, sino que reciben y construyen identidades virtuales, interpretan sentimientos y nos interpelan definiendo un nuevo desorden mundial. Rompen el binarismo del dígito, se transforman mediante lógica difusa y mutan ante algoritmos poco más inteligentes que quienes los crearon y educaron por primera vez.

La interfaz es la última frontera donde nuestra voluntad cobra algo de sentido. El significado de nuestros gestos y palabras que comandan una tras otra la intención manipulada. Donde lo que no se usa no sirve para nada y, por tanto, permanece muerto, ni convierte ni convence.

Lo que vemos y quizá nos resulte familiar representa una promesa donde el resultado espera una orden directa y sin ambigüedades. El idioma del sentido común se impone a la libertad interpretativa y la disfunción.

A veces toca piel y otras no es más que un conjunto de objetos desenfocados, distorsionados por la mente de un humano de plástico.

La interfaz es una institución idiomática simbólica que juega con las ciencias de la cognición para manipular la mente de quienes no quieren pensar.

La tecnocultura

Detrás de cada interfaz hay un modelo que se repite, se contagia y se hace viral. Simboliza el hueco cibernético, la poética hipertextual entre lo doméstico y lo productivo, lo artístico y lo destructivo.

La tecnocultura ha cambiado a golpe de dato y capital. Está destinada a reproducirse y ser rentable. Se escenifica en teatros de redes e interfaces, se socializa. Nos dicta las normas de un sistema de valores sucumbido a la esclavitud de la imagen y su estética.

La tecnocultura te obliga a hablar como ellos, vestir como ellos, programar como ellos, colonizando los modelos tecnológicos que se imponen a cada clic. Recorriendo miles de pulgadas con el mismo propósito.

A veces deja un espacio para el pensamiento crítico, para el anonimato subversivo que canaliza el grito de quienes nunca se sintieron representados.

No esperamos vernos, ni tan si quiera encontrarnos, sino tan solo redescubrir la matriz, pervertir interfaces, inutilizarlas, reprogramarlas con diseños a base de sudor y mentiras.

El humano

/*
Sin nada, 
ahora eres el otro, el único, 
el que se muestra neutro y sin pecado. 
Humano y alienado, fragmentado y globalizado. 
*/
const identidad = {
  binaria: false,
  genero: '',
  religion: '',
  raza: '',
  edad: '',
  capacidades: [],
  emociones: ''
}

/*
Te has hecho una promesa. 
Sólo sabes contar el tiempo con los dedos, 
encriptar sentimientos,
usar contraseñas seguras
para que nadie acceda a tu matriz.
*/
let promesa = new Promise(function(pensar, olvidar){
  if(identidad.binaria){
  	pensar('soy una máquina');
  } else {
  	olvidar('soy un humano');
  }
});

/*
Asúmelo,
no escondes nada, 
porque nunca hubo nada que no supiéramos.
*/
promesa.then(function(realidad) {
  console.log(realidad);
}, function(frustracion) {
  console.log(frustracion);
});

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UX Lead at Ebury and graduated as a Computer Engineer at the University of Granada. In the past, I've worked as a teacher, consultant, and developer. Designing valuable technology for people is what I enjoy the most.

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